Avatares en la casa de gobierno
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Después de Cristina de Kirchner, probablemente los protagonistas más destacados La intención oficial era copar tres salones (el Blanco, el Sur y el de los Espejos) y gran parte de la planta baja de la Casa Rosada, para acompañar el mensaje de Cristina de Kirchner. Sin embargo, sólo el primero y el segundo salón aparecieron completos, mientras que el de los Espejos estuvo semivacío y sólo unas 50 personas (en su mayoría empleados) siguieron el mensaje en las pantallas de la planta baja. Sin embargo, el ingreso de los aproximadamente 300 invitados oficiales fue caótico. Grandes problemas para encontrarse en las supuestas listas de invitados y mails que no llegaban a destino para autorizarlas marcaron el acto de ayer.
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Para la ocasión, Cristina de Kirchner eligió rodearse en el escritorio central del Salón Blanco por el vicepresidente, Julio Cobos; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el ministro de Economía, Carlos Fernández; el presidente provisional del Senado, José Pampuro, y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner. Más atrás, la acompañaban los ministros de su gabinete: el canciller Jorge Taiana; el de Interior, Florencio Randazzo; el de Justicia, Aníbal Fernández; la de Salud, Graciela Ocaña; el de infraestructura, Julio De Vido; la de Defensa, Nilda Garré, y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini. Para la primera fila, a la derecha se dispusieron los lugares para los gobernadores invitados, comenzando por Daniel Scioli (Buenos Aires), Jorge Capitanich (Chaco), Maurice Closs (Misiones), Daniel Peralta (Santa Cruz) y Mario Das Neves (Chubut), entre otros. Más atrás se los vio a algunos funcionarios de Economía, como el secretario de Agricultura, Javier De Urquiza, y el de hacienda, Juan Carlos Pezoa.
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En el mismo sector (a la izquierda de la Presidente) se ubicaron los sindicalistas invitados, entre los que se reconoció al del acto de ayer fueron los integrantes de la autodenominada Juventud Kirchnerista (JK). No por su número (no más de 40 seguidores poblaron el Salón Sur de la Casa Rosada), sino por las tonadas con que alentaron el comienzo, desarrollo y final del acto de ayer.
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Para la apertura, eligieron del repertorio un «Cristina, Cristina, Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación»; con el que festejaron la salida a escena de la Presidente. Sin embargo, la alegría les jugó una mala pasada, y en el momento de abrir la cadena oficial, el coro tapaba al locutor, lo que provocó un reto de la homenajeada. «Cuánta euforia», dijo Cristina de Kirchner mientras intentaba con un gesto duro y su mano con la palma abierta aplacar a la desenfrenada JK.
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Siguió el concierto de la JK luego de terminado el discurso. Para ese momento se eligió, con música de «Todavía cantamos» de Víctor Heredia: «Somos de la gloriosa juventud peronista, somos de la gloriosa juventud peronista, a pesar de las bombas, de los fusilamientos, a pesar de los muertos y los desaparecidos, no nos han vencido». Este mensaje debió haber tocado el corazón de la Presidente, que se dio tiempo para cruzar el Salón Blanco y saludar a los militantes.
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Ya en el frente de la Casa de Gobierno, y con carteles con el mensaje «con la comida no se jode» y una bandera negra desplegada para las fotos y las cámaras de televisión (que reporteaban a Estela de Carlotto), entonaron: «Olé, olé, olé olá, gorilas putos van a pagar, las retenciones del gobierno popular». Para el final, un homenaje al «conductor» del movimiento: « Cabandié, Cabandié, Cabandié», en relación con el legislador porteño Juan Cabandié. Como se ve, el homenaje fue sin verso ni rima, dada la improvisación del momento.




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