Argentina usará hasta sus últimos recursos para darle credibilidad al Argentino: lo respaldaría con todos los bienes del Estado, desde la Casa Rosada, el Congreso, las embajadas, hasta las tierras fiscales. Y no es un dato menor. Según estimaciones oficiales publicadas recientemente, los activos del Estado (incluyendo desde el Obelisco hasta los ferrocarriles) ascienden a $ 57.000 millones, lo que en principio parecería suficiente para respaldar una emisión estimada en 10.000 millones de argentinos. Aunque sólo en principio.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El anuncio lo hizo ayer el flamante presidente, Adolfo Rodríguez Saá, intentando despertar las primeras dosis de confianza de la sociedad en el Argentino, su nueva moneda, que a diferencia del peso, no estará respaldada por reservas en dólares depositadas en el Banco Central.
Así, la Argentina será el primer país en el mundo que tenga una moneda respaldada con los bienes del Estado. Pero de poco podría servir semejante respaldo si no prevalece la prudencia y la responsabilidad del gobierno de acompañar la nueva moneda con un plan económico sostenible y con una emisión limitada.
¿Es que sirve semejante respaldo para una moneda que se emite en un país que está quebrado, que acaba de declarar el default de su deuda, que hace cuatro años que no crece y que vive una profunda crisis financiera? ¿Hasta qué punto este respaldo hará más sólido al Argentino? ¿Dónde se reunirán los diputados si, por ejemplo, llegara el momento de vender el Congreso?
Supongamos que el argentino comienza a devaluarse rápidamente. Se supone que el respaldo operaría tratando de impedir que la divisa norteamericana se dispare y se deprecie la moneda local.
Para eso el gobierno deberá satisfacer parte de la demanda excedente de dólares. Como ha venido funcionado hasta ahora con el peso: cada vez que ha habido demanda excedente de dólares, el Banco Central la cubría vendiendo los dólares en el mercado. Pero en primer lugar: para que tal efecto exista, debe ser instantáneo, o casi instantáneo. Algo que el nuevo respaldo que propone el gobierno no promete. Porque primero se deberá buscar un comprador para sus bienes. Y segundo, que ese comprador tenga dólares para comprar la propiedad. Porque si la adquisición fuera en argentinos, la venta no servirá para detener la escalada del dólar. Aunque sí para amortiguar, si existiera, un eventual aumento de precios dado que no será necesario recurrir a nueva emisión monetaria por el monto que se realizará la venta.
Son todas suposiciones, claro, pero es evidente que con una deuda pública de $ 132.000 millones (sólo la deuda del Estado), los $ 57.000 millones de activos que aún mantiene en sus manos el Estado resultan poco significativos y pueden consumirse muy rápidamente en cubrir gastos corrientes. Lo que demuestra que sólo un plan eficiente y responsable que contemple el reencauzamiento de las cuentas públicas y una emisión «acotada», puede darle fortaleza a la nueva moneda. El ejemplo más ilustrativo: pensemos que este año la Argentina llegó a tener u$s 35.000 millones de reservas en dólares y bastaron sólo unos pocos meses para reducirlas a la cuarta parte. Hoy sólo quedan unos u$s 10.000 millones y ni siquiera sirven para despejar las dudas sobre el valor del peso. Sería grave que el país termine rematando todo sin lograr ningún resultado.
Mientras tanto, queda la duda si el anuncio de Rodríguez Saá fue demagógico o es muestra de una gran ignorancia de las autoridades acerca del funcionamiento del sistema monetario. Si este último fuera el caso, realmente preocuparía porque el destino de la Argentina, en términos de estabilidad, sería incierto.
Dejá tu comentario