Con la exhibición de números más que de argumentos teóricos, el gobierno de Brasil consiguió que Domingo Cavallo girara en su posición respecto del Mercosur. El ministro de Economía estuvo reunido ayer con las principales autoridades de ese país y al cabo de esos encuentros se expresó acerca de la unión aduanera con una excitación superior a la que manifestaban quienes hasta hace dos días discutían con él defendiendo esa integración.
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«Estamos entusiasmados en esta tarea de reconstrucción del Mercosur», dijo y agregó que «Brasil está dando una ayuda muy importante para que la Argentina pueda recuperar el crecimiento económico». Bien atrás quedaron las acusaciones acerca de que con sus devaluaciones ese país «está robando a sus vecinos». Además de este cambio de clima, sorprendente si se quiere, el titular del Palacio de Hacienda combinó con el gobierno brasileño la reposición de una comisión, creada ya en tiempos de José Luis Machinea, para estudiar modificaciones al arancel externo común.
También se pactó convocar a todos los países de Sudamérica para avanzar en una agenda común en materia de infraestructura. Cavallo anunció además -y dio precisiones en las reuniones a puertas cerradas en las que estuvo-el lanzamiento de un haz de medidas macroeconómicas para la semana que viene. Tal vez lo más importante del viaje de Cavallo es que se comprometió, delante de Brasil, a que la Argentina no negociará un acuerdo comercial con Estados Unidos sino en el marco del Mercosur.
Como le sucedió en materia financiera, cuando creyó viable una política que «antes que hablarles a los mercados le hable a la gente», también en materia de comercio exterior Cavallo pareció rendirse ayer ante algunas evidencias contundentes.
Tanto en su reunión con Pedro Malan (no pudo verse con el presidente del Banco Central, Arminio Fraga, que está soportando una conjuntivitis sin salir de su departamento de Rio de Janeiro), como en la que mantuvo con Fernando Henrique Cardoso, con el canciller Celso Lafer, el ministro de Desarrollo Alcides Tapias, el de Agricultura Marcus Vinicius Pratini de Moraes y el representante especial para el Mercosur José Bo-Escribe Carlos Pagni tafogo, las autoridades brasileñas hicieron notar el costo que tendría para la Argentina un retroceso en el camino de la integración.
Es cierto que Cavallo conocía al dedillo los argumentos con que lo esperaban: el martes por la mañana, el persuasivo embajador en Buenos Aires, Sebastiao do Rego Barros (un hombre cuya parsimonia parece prevista especial-mente para la negociación con el ministro de Economía), le había hecho notar con cifras que abandonar la unión aduanera para volver al estado de área de libre comercio sólo traería costos para la Argentina.
Los brasileños le expusieron a Cavallo la dimensión de ese perjuicio según un documento elaborado por su embajada en Buenos Aires (ver nota en esta página). Por el volumen de las exportaciones manufactureras que se destinan al mercado brasileño -se descuentan, claro, las ventas de petróleo, trigo y lácteos-la Argentina pondría en juego alrededor de u$s 3.294 millones por año si decidiera interponer barreras arancelarias a su socio actual. El país exporta el equivalente de esa suma a Brasil, mientras que a Estados Unidos envía exportaciones industriales por valor de u$s 1.077 millones y a la Unión Europea el equivalente a u$s 974 millones.
Comprensión
Cavallo se mostró comprensivo con ese tipo de razonamiento y los encuentros fueron cordiales en todos los casos. En una y otra oficina estuvo acompañado por Juan José Uranga, el embajador argentino en Brasilia, quien participó de las conversaciones por orden expresa de Fernando de la Rúa. Fue el Presidente quien indujo el viaje de su ministro el jueves pasado, cuando le pasó el teléfono al economista en medio de una charla con Cardoso, quien lo invitó a discutir en Brasilia.
De regreso hacia Buenos Aires, Cavallo se comunicó ayer con Adalberto Rodríguez Giavarini, a quien le informó de sus tratativas, que definió como «un éxito». El canciller se habrá sentido satisfecho: el lunes y el martes próximos Giavarini será recibido con pompa y circunstancia en Brasilia, donde se entrevistará con su colega Lafer (quien le promete una comida íntima) y con el presidente Cardoso sin que las posturas de Cavallo lo obliguen a representar a un gobierno esquizofrénico.
Respecto de la agenda pendiente del Mercosur, la próxima fecha marcada en el calendario tiene que ver con la cumbre de Asunción, donde cancilleres, ministros de Economía y presidentes deberán discutir la profundización de la convergencia macroeconómica y, por primera vez, la política monetaria común. Esta cuestión seguramente fue introducida por Cavallo en las conversaciones de ayer a pesar de que todo el gobierno brasileño se conjurara en mantener silencio, un poco por prudencia y mucho más por desconfianza.
Por otra parte, un comité de funcionarios comenzará a discutir la reestructuración del arancel externo común, en una doble dirección sugerida ayer por Cavallo.
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