Brasil pide ahora al FMI un acuerdo más favorable
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«Cualquiera fuese la actitud, en cualquier caso el ambiente hoy es más favorable que el que teníamos antes. El país es confiable», dijo Fendt, que atribuyó eso a «la consistencia en la aplicación de la política económica en estos primeros nueve meses de gobierno».
El actual acuerdo entre Brasil y el FMI, alcanzado en agosto de 2002, vence en noviembre. En ese momento el organismo ofreció un auxilio financiero de 30.000 millones de dólares, que desembolsó en cuotas trimestrales luego del cumplimiento de severas metas fiscales, como un superávit primario de 4,25% del Producto Bruto Interno (PBI). Esos desembolsos del organismo permitieron a Brasil superar una crisis financiera, desatada por la desconfianza que entonces tenían los inversores ante la posibilidad de un triunfo de Lula. Pero una vez que éste llegó al poder el 1 de enero, su política económica ortodoxa le valió el aplauso de los actores financieros y del propio FMI.
El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, ya adelantó que Brasil querría en el nuevo entendimiento que la inversión estatal y los programas sociales queden fuera del cálculo del gasto público, con lo cual al menos nominalmente se podría mantener la meta de 4,25% del PBI pero sin afectar el crecimiento económico y el desarrollo social.
El gobierno ha insistido que, desde el punto de vista financiero, Brasil no necesitaría hacer un nuevo acuerdo con el Fondo y personas reconocidas como el ex presidente del banco Central Armínio Fraga señalaron que sería una señal de confianza que Brasil comience a caminar «sin andador».
Según el secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Hacienda, Otaviano Canuto, «si decidimos hacer un nuevo acuerdo, va a ser una decisión independiente de la cuestión financiera».
El funcionario dijo no estar preocupado por la posibilidad de que los mercados interpreten la firma de un nuevo acuerdo con el FMI como una debilidad de la política económica.




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