12 de septiembre 2003 - 00:00

Brasil pide ahora al FMI un acuerdo más favorable

Brasilia (ANSA, AFP) - Tras un fuerte debate interno, el gobierno de Brasil decidió iniciar las negociaciones para un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, pero quiere que ese entendimiento incluya pautas más favorables para el crecimiento del país, se informó ayer.

Fuentes del gobierno dijeron a «Folha de Sao Paulo» que el presidente, Luiz Inácio Lula Da Silva, también quiere que en el nuevo acuerdo figuren metas sociales, como el número de familias asentadas en la reforma agraria o la extensión de la red de saneamiento básico.

El anuncio de la intención de Brasil se produjo un día después del entendimiento alcanzado entre el FMI y el gobierno de Néstor Kirchner. Aunque en el caso argentino se establece una meta de superávit primario de 3% del PBI para 2004 (de dureza sin precedentes para el país), ha sido presentado públicamente como un triunfo político, ya que el Fondo reclamaba inicialmente un excedente mayor. Además, se destacó en Brasil el hecho de que en la negociación de ese objetivo para 2005 y 2006 se incluirá el análisis de indicadores de pobreza, desempleo y crecimiento económico.

• Debate amplio

Esa noticia, que ayer dominó en Brasil las primeras planas de los diarios, disparó un amplio debate. Para el ex director del FMI para el Hemisferio Occidental, Claudio Loser, el gobierno de Lula podría beneficiarse por el nuevo acuerdo entre la Argentina y el organismo, aunque advirtió que ambos casos no pueden compararse. «Las negociaciones con el FMI no son comparables. Brasil tiene que preservarse, mientras la Argentina ya declaró el default», señaló.

Para el economista Roberto Fendt, de la Fundación Getulio Vargas, lo más importante para Brasil a la hora de discutir si renueva o no su acuerdo con el FMI «es que ha demostrado ser un país confiable».

«Cualquiera fuese la actitud, en cualquier caso el ambiente hoy es más favorable que el que teníamos antes. El país es confiable», dijo Fendt, que atribuyó eso a «la consistencia en la aplicación de la política económica en estos primeros nueve meses de gobierno».

El actual acuerdo entre Brasil y el FMI, alcanzado en agosto de 2002, vence en noviembre. En ese momento el organismo ofreció un auxilio financiero de 30.000 millones de dólares, que desembolsó en cuotas trimestrales luego del cumplimiento de severas metas fiscales, como un superávit primario de 4,25% del Producto Bruto Interno (PBI). Esos desembolsos del organismo permitieron a Brasil superar una crisis financiera, desatada por la desconfianza que entonces tenían los inversores ante la posibilidad de un triunfo de Lula. Pero una vez que éste llegó al poder el 1 de enero, su política económica ortodoxa le valió el aplauso de los actores financieros y del propio FMI.

El ministro de Hacienda,
Antonio Palocci, ya adelantó que Brasil querría en el nuevo entendimiento que la inversión estatal y los programas sociales queden fuera del cálculo del gasto público, con lo cual al menos nominalmente se podría mantener la meta de 4,25% del PBI pero sin afectar el crecimiento económico y el desarrollo social.

El gobierno ha insistido que, desde el punto de vista financiero, Brasil no necesitaría hacer un nuevo acuerdo con el Fondo y personas reconocidas como el ex presidente del banco Central
Armínio Fraga señalaron que sería una señal de confianza que Brasil comience a caminar «sin andador».

Según el secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Hacienda,
Otaviano Canuto, «si decidimos hacer un nuevo acuerdo, va a ser una decisión independiente de la cuestión financiera».

El funcionario dijo no estar preocupado por la posibilidad de que los mercados interpreten la firma de un nuevo acuerdo con el FMI como una debilidad de la política económica.

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