10 de diciembre 2000 - 00:00

Brasil traba el ingreso de lácteos argentinos

Brasil podría cuotificar las exportaciones lácteas argentinas, llevándolas de las actuales 140.000 toneladas anuales a menos de la mitad de esa cifra.

La movida implicaría una fuerte caída de los precios que reciben los productores locales y la pérdida de puestos de trabajo en las principales empresas del sector.

La primera medida en esta dirección fue tomada por el Departamento de Defensa Comercial (DECOM), un organismo dependiente del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, por el que se imponen aranceles diferenciales a siete empresas argentinas que van desde 10% a 45% sobre el precio de venta. Esas firmas son La Serenísima, SanCor, Williner, Molfino (estas dos del grupo Pérez Companc), Milkaut, Nestlé y Verónica.

La Argentina exporta a Brasil unos u$s 350 millones de lácteos al año, en su gran mayoría provenientes de leche en polvo. Las importaciones totales de lácteos de Brasil ascienden a u$s 550 millones, y los productores de ese país aseguran que la entrada de leche desde la Argentina impide el crecimiento de la industria lechera doméstica. De allí que hayan puesto en movimiento todo su poder de «lobby» para recortar el ingreso de la competencia externa, sobre todo la Argentina.

Brasil consume 22.500 millones de litros de leche por año, de los que importa 2.500 millones; los productores brasileños aseguran que, de no permitirse el ingreso de lácteos argentinos («a precio de dumping», según argumentan) estarían en condiciones de llegar al autoabastecimiento en tres años.

Lugar para todos

Desde la Argentina se opina lo contrario: «Brasil consume 135 litros de leche por habitante por año, contra los 220 litros de la Argentina; creemos que puede haber un enorme salto en el consumo en poco tiempo, y que hay lugar para todos», decía Hernán Zambón, vicepresidente de Milkaut.

Pero autoridades y productores brasileños parecen pensar lo contrario: la medida «antidumping» fue tomada el viernes último, luego de un proceso que duró casi un año, y que fuera iniciado a instancias de la poderosa
Corporación Nacional de Productores de Brasil, que agrupa a más de 1,2 millón de productores lácteos.
El planteo era que varios países (la Argentina entre ellos, pero también Australia, Nueva Zelanda, la Unión Europea y Uruguay) vendían leche en polvo y leche larga vida a precios por debajo de los costos de producción. La DECOM pidió a los exportadores informes sobre los precios de venta, costos, valores de sus productos en el mercado interno y otros datos pertinentes, según el organismo.

El jueves último en Río de Janeiro se llevó a cabo una audiencia pública, en la que tomaron parte más de 120 empresarios de esos países, además de representantes de todos los gobiernos.

Desconcierto

Como suele suceder en estos casos, la delegación argentina fue la menos significativa: apenas el cónsul general Alejandro Suárez Hurtado acompañó a los empresarios argentinos, pero ningún delegado de la Secretaría de Agricultura, por caso, lo que motivó el desconcierto y el desagrado de los productores.
«De Uruguay fue una delegación nutrida, cuyos integrantes estaban empapados en el tema; nosotros estuvimos casi huérfanos de apoyo oficial», se quejaba uno de los empresarios argentinos que debió escuchar el fallo casi en soledad: la DECOM determinó que hubo dumping en 174 de las casi 10.000 operaciones de exportación realizadas desde la Argentina hacia el socio del Mercosur.

La sanción también alcanzó a empresas del Uruguay (
Conaprole y Parmalat, entre otras) de Nueva Zelanda (la poderosa y estatal New Zealand Dairy Board) y la Unión Europea. Curiosamente, no alcanzó a los australianos, lo que -según empresarios argentinos- abriría la puerta «para la triangulación: la NZDB acaba de comprar la australiana Bonlac, a través de la cual podrían venderle a Brasil sin recargos». En otras palabras: a pesar de que los productores brasileños apuntan al autoabastecimiento, hábilmente dejaron «la puerta australiana» abierta para satisfacer -a precios internacionales, desde ya- posibles demandas adicionales mientras se llega a ese autoabastecimiento.

Las empresas argentinas tienen
15 días para defenderse, pero según trascendió no podrán acceder al expediente ni a verificar esos «174 casos» de supuesto dumping.

«Nosotros presentaremos un recurso de amparo esta misma semana a través de nuestra subsidiaria de Porto Alegre, Ivotí, pero las otras empresas no tienen más remedio que recurrir al Tribunal Arbitral del Mercosur o llevar su reclamo a la Organización Mundial del Comercio», dijo Zambón. Las penalidades llegaron a un máximo de 147,8% para la UE, y un mínimo de 6% para Uruguay.

Lo curioso del fallo del DECOM es que se consideró el promedio del precio en el mercado interno de los bienes exportados.
«Siempre, siempre vendimos a precios internacionales del mercado», aseguró Zambón. «Tuvimos picos de u$s 2.600 la tonelada de leche en polvo, y valles de u$s 1.650, pero siempre de acuerdo a las fluctuaciones del precio internacional», asegura Zambón.

Los empresarios locales ya comenzaron a moverse buscando el apoyo oficial que hasta ahora les fue negado: la gente de La Serenísima pidió una audiencia con el gobernador
Carlos Ruckauf, la de San-Cor con el cordobés José Manuel de la Sota y Milkaut con el santafecino Carlos Reute-mann. Habría también gestiones para ser recibidos por el secretario Antonio Berhongaray y el jefe de Gabinete Chrystian Colombo.

En el Centro de la Industria Lechera argumentarán que, para que hubiera dumping, deben darse dos condiciones que en este caso no se cumplieron: daño (no sucedió; la industria brasileña siguió creciendo en el período) y venta por debajo del costo.

Pocas esperanzas

También tratarán de convencer a las autoridades brasileñas de que la suba del arancel externo común «inevitablemente redundará en una suba de los precios internos en Brasil».

Pero no habría demasiadas esperanzas de revertir la decisión del DECOM por la vía administrativa: están convencidos de que en el principal socio comercial de la Argentina hay una clara voluntad de imponer una cuota a las importaciones lácteas, y que la misma rondaría 50% de los volúmenes actuales.

En lo inmediato, sin embargo, saben que no pasará mucho tiempo antes de que deban comenzar a bajar el precio de lo que le venden a Brasil: es que para seguir llegando a ese mercado a los actuales u$s 2.100 la tonelada de leche en polvo deberán venderla aproximadamente a u$s 1.500, suma a la que se les adicionarán los recargo-castigos. Esa reducción saldrá, seguramente, de los bolsillos de los productores locales que pronto comenzarán a percibir un precio menos por litro.

Además, para sustituir a Brasil por otros mercados -según los empresarios- se tardaría
al menos dos años. Un panorama más que complicado, por cierto.

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