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«Los países ricos tienen que entender que nunca hubo una reestructuración de deuda tan compleja, con tantos ahorristas individuales», razonó ayer ante la consulta de Ambito Financiero una alta fuente del equipo económico, que reconoció que se está buscando «un mayor grado de flexibilidad de los países ricos a la hora de encontrar soluciones».
El caso más grave se produce en Italia, donde existen más de 400.000 pequeños y medianos tenedores de bonos, por una suma cercana a los u$s 14.000 millones. Las distintas asociaciones que los agrupan ya se manifestaron en varias oportunidades en contra de aceptar cualquier quita de capital, aunque sí están dispuestos a negociar una reducción de tasas de interés o alargamiento de plazos.
Un problema central es que estos acreedores podrían hacer naufragar cualquier intento de renegociación. Esto se debe a que muchos de los bonos emitidos internacionalmente tienen una cláusula por la cual sólo pueden ser renegociados en caso de contar con 100% de aceptación de los bonistas (ocurre con los títulos emitidos bajo legislación alemana), mientras que otros requieren al menos dos tercios.
«Es evidente que alguna vuelta más creativa vamos a tener que encontrar, porque si no, será imposible avanzar con la renegociación de títulos afuera», razonan en Economía.
Este tema también se vincula con el denominado «umbral de aceptación» de la oferta que efectúe la Argentina. Es decir a partir de qué porcentaje de colocación se puede considerar la aceptación de la oferta como exitosa. Aunque Lavagna habló en un reportaje a «La Nación» el fin de semana de 50% como mínimo, en realidad con los bancos acreedores se negoció un «pago por resultado» que gatilla con una aceptación de 66 por ciento.




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