La renuncia de un secretario de Transportes aparecía en el menú diario que solemos consumir; y se dirá que no tiene incidencia directa sobre lo bursátil, pero aporta a la desorientación que persiste sobre la solidez y armonía de quienes deben pilotear el barco en la tormenta. No pasaba mucho más que eso en la calurosa Buenos Aires, y un lugar para recomendar si se buscaba frío intenso a bajo costo, era el recinto de la Bolsa.
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Desconectada de Brasil, entrando en la órbita de lo generado por México -con más de 2 por ciento de baja-y mirando con curiosidad el desplome NASDAQ y la abulia del Dow, el devenir de la rueda porteña era una tormenta de falta de interés y la aparición de ciertas ventas que ejercieron un poder ponderado sobre la ausencia tomadora.
Se hizo poco, lo que se hizo dañó bastante, la plaza borró trabajosas ruedas de pequeños repuntes y se desplazó más de uno por ciento holgado, en ambos «mervales».
Base escasa
Lo que resulta lo más parejo y coherente, la base de negocios prosigue delatando que nuestro mercado se mueve sólo con combustible de reserva, la aguja sigue marcando rojo y ayer se hicieron no más de $ 13 millones efectivos para las sufridas acciones locales, quedando unos $ 4 millones para los certificados. El año sesga mal de nuevo.