CGT propone más corporativismo
Quedaron olvidadas, al cabo de un año y tres meses, aquellas admoniciones de Néstor Kirchner en contra de las «corporaciones». El martes por la noche, un grupo de sindicalistas invitó a comer a varios empresarios para proponerles que, sobre el molde del actual Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil -que hoy seguramente ubicará esa cifra salarial en $ 450-, se establezca otro, más ambicioso: un Consejo Económico Social que influya en la definición de la política oficial y emita proyectos para que legisle el Congreso. Es difícil pensar un organismo que exprese mejor que ése una concepción corporativista -casi como lo imaginó el fascismo-de la vida pública. Sobre todo, porque se pretende que contenga a delegados del Ejecutivo y del Congreso, que son instituciones de la Constitución, votadas por la ciudadanía y representantes de la voluntad general. La intención de los gremios, que parece caer en tierra fértil en un sector del empresariado (en algunos casos, distante de la administración actual), es encontrar la excusa para entornar políticamente a Kirchner, sobre todo, cuando cae maná del cielo: es decir, cuando las cuentas públicas exhiben un superávit que ronda 5% del producto. Peligroso.
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Armando Cavalieri
Carlos Tomada y Julio De Vido, los dos ministros con contacto más frecuente con la mayoría de los asistentes a la reunión, ya habían escuchado hablar del Consejo Económico Social. Pero en la mesa de Cavalieri se desarrolló la idea a partir de una anécdota. Los gremialistas ofrecieron a los empresarios un relato minucioso del almuerzo que habían compartido con Lavagna (que este diario publicó el viernes pasado). Contaron que el ministro había prometido mejorar la oferta por la deuda y ajustar las tarifas, y que informó sobre la confusión que había tenido Kirchner al identificar el Consejo del Salario con otro, económico-social. Fue en ese momento que comenzó a planificarse la creación de este último.
La idea es avanzar sobre la esfera de decisión estatal, estableciendo una usina de planificación que contemple las obras públicas, relaciones comerciales internacionales, empleo y capacitación. El Consejo sería,desde el punto de vista técnico, una instancia de definición de políticas y una fuente de legislación. Por eso se piensa incorporar a representantes de las Cámaras del Congreso. Desde el punto de vista político, se constituiría en un excelente dispositivo para entornar a un gobierno que hasta ahora se mostró esquivo a cualquier apertura al diálogo. Si en tiempos de vacas flacas, como fueron las postrimerías del gobierno de Raúl Alfonsín o las de los albores del menemismo, se ensayaron experiencias corporativas como la imaginada anteanoche (desde el Grupo María hasta el Convivencia o Tuti-Fruti de Erman González), la acumulación de un superávit fiscal de 5% del producto es un imán irresistible para quienes quieren influir en la organización de la «fiesta». Eso se notó en lo de Cavalieri.
El relato de la reunión con Lavagna incluyó un párrafo sobre el optimismo del ministro acerca de la performance económica del año próximo. Los empresarios, sobre todo los industriales, se mostraron menos entusiastas: «Si no arreglamos el frente externo y se llega a un acuerdo con el Fondo, las inversiones serán más esporádicas y seguirá moderándose la reactivación, como sucede ahora». Los sindicalistas aprovecharon ese lamento para informar sobre algunas inconsistencias oficiales: «Hay obra pública no ejecutada, de 20.000 casas para las que tienen financiamiento sólo hicieron 4.000 y en vacunas y medicamentos sólo se gastó 25% de lo que está presupuestado. Esto se debe a falta de profesionalismo y de gestión, que es el peor de los males de este gobierno», dijo un dirigente gremial, mientras asentía casi toda la mesa ( Wagner parecía estar memorizando, como si tuviera que informar a alguien más tarde. Misterio).
Cuando terminaba la reunión y Massuh repartía sus puros, ya se había coincidido en la ecuaciónsalarial que se discutiría horas después -ayer por la mañana- en la comisión respectiva del Consejo del Salario. Lo más importante ya estaba decidido: mantener un régimen de reuniones como la que habían protagonizado para incidir políticamente en la orientación del gobierno. Llegaba la medianoche y en la pantalla colorada de «Crónica TV» se reiteraba la profecía de Raúl Alfonsín sobre un golpe de Estado para marzo próximo. Tembló la mesa y, temerosos de que se les impute ser los que realizarían esa fantasía, empresarios y sindicalistas se perdieron, entre bromas, por la noche.




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