8 de noviembre 2004 - 00:00

Chávez, un nudo secreto en la trama con China

El acuerdo económico que Néstor Kirchner y el presidente chino, Hu Jintao, suscribirán el 17 de noviembre no fue una ocurrencia reciente, un chispazo que apareció en la imaginación del Presidente en su viaje a Pekín, como se empeña en consignar la crónica oficial. Es, como tantas otras cosas en esta administración (para ser justos, en casi todas), el resultado de una trama de casualidades, amigos comunes y viajeros inesperados. Durante las últimas semanas, ese tejido fue tomando la forma oficial de un tratado de inversiones similar al que los chinos suscribieron hace ya tiempo (1999) con la Venezuela de Hugo Chávez.

Hay varias figuras centrales en esta red. Dos de ellas son Xan Kin, el vicepresidente de Beiya International Development, y Lo Fon Hung, que es gerente y directora de esa firma. Estos funcionarios chinos son los responsables por los programas de cooperación que China suscribe con los países latinoamericanos.¿Quién los vinculó con la Argentina?-El mismo grupo que los llevó a Venezuela:-el Banco Espirito Santo, de capitales portugueses. En abril, estos inversores chinos visitaron Caracas y estuvieron con el presidente Chávez, con quien firmaron un nuevo programa de inversiones por 18 meses en los sectores de, telecomunicaciones, energía y acero. El acuerdo se cifró en un «Convenio de Cooperación en el Desarrollo de Areas Estratégicas de Inversión» y fue celebrado por el propio Chávez el 4 de abril de este año en su programa televisivo «Aló Presidente», donde estuvieron los funcionarios de la República Popular.

¿Por qué importa este antecedente venezolano? No sólo para ponderar la dimensión de estos acuerdos, que son un espejo que adelanta para la Argentina. También interesa porque los operadores del acercamiento son los mismos. Aquel mediodía de Cabruta (estado de Guarico) en que Chávez saludó a los «hermanos chinos» y les vaticinó que pronto hablarían «el idioma de los waraos, de los yanomamis, de los piaroas...», estaba también el representante del Banco Espirito Santo, entidad portuguesa que canaliza los fondos de estas operaciones: Helder Battaglia.

• Avance local

No se sabe si Battaglia ya habla el idioma de los yanomamis pero maneja casi todas las lenguas occidentales: culto, simpático, veloz con los números, este portugués es el representante del banco en Angola desde hace años. Desde allí entró en contacto con los chinos, les sirvió de guía en su acercamiento a Venezuela y, en los últimos meses, también a la Argentina.

El avance local de Battaglia se produjo en setiembre, mientras Néstor Kirchner se encontraba en las Naciones Unidas. Discreto, el portugués subió a un avión privado de ocho plazas a sus amigos chinos, los mismos que visitaron Venezuela unos meses antes, y marchó hacia el glaciar Perito Moreno con Julio De Vido. Otro error de la prensa de estos días: ignorarque este funcionario es quien más íntimamente conoce lo que se negocia con los chinos.

Habría que buscar en este detalle la razón de los recientes viajes del ministro de Infraestructura a Venezuela, país al que desde hace meses lo unen más cosas que la hermandad bolivariana. Sin embargo, fue durante aquella visita al ventisquero que se selló la posibilidad de que los acuerdos Pekín- Caracas produzcan algún derrame hacia la Argentina. Un hombre cercano a De Vido lo definió de esta manera: «Battaglia es quien instrumenta, a través del Espirito Santo, la estrategia china de apuntalar obras de infraestructura gigantescas en países en desarrollo que les permita obtener la energía que demanda la maquinaria de su desmesurada utopía». Casi un poeta este kirchnerista.

Cuando el portugués Battaglia se ausenta de Buenos Aires -como, al parecer, sucederá hasta dentro de un par de días-quien lo representa es Jorge do Amaral, del mismo grupo financiero y presidente de la Cámara de Comercio Argentino Portuguesa. Es Amaral, de manera provisoria, el encargado de asistir al gobierno en los detalles de los acuerdos de cooperación que se firmarán el 17 de noviembre.

Un día milagroso para los peronistas: hace 31 años festejaron en esa fecha el regreso, debajo del paraguas de José Ignacio Rucci, de Juan Domingo Perón.

Ahora, casi con la misma euforia, el gobierno de Kirchner saluda, como los aztecas a Hernán Cortés, la llegada milagrosa del presidente Hu Jintao, bajo un paraguas menos tangible, el del bolivariano Hugo Chávez.

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