Periodista: ¿Qué hacemos con el mercado bull? ¿Que en paz descanse?
Diálogos de Wall Street
Muerto el rey, viva el rey. ¿Murió el bull market, comenzó la era del bear? No está muerto quien pelea, nos dice Gekko, pero la plaza de los toros está cercada, y sin chances de cortar el bloqueo en el corto plazo.
-
Bitcoin perfora los u$s66.000 y acumula una caída semanal mayor al 5%
-
Bitcoin tambalea hasta los u$s69.000, mientras persiste la incertidumbre por la guerra
Gordon Gekko: No se irá en paz, habrá que sacarlo arrastrado, pero la plaza de toros está rodeada. Y no hay manera, en el corto, de romper el bloqueo. No hay que temer a los bears, sino al virus que anda suelto.
P.: La declaración de pandemia de la OMS es el último clavo en el ataúd.
G.G.: Son viejas noticias. A los efectos prácticos, la Fed declaró la pandemia dos lunes atrás.
P.: ¿Cuándo bajó las tasas medio punto de sopetón?
G.G.: El contagio ya había saltado de China a Asia, y de allí a dos continentes: Europa y América. Nadie quiso gritar bingo, pero ya era cartón lleno.
P.: ¿Qué sabía Powell que nosotros, no?
G.G.: Vio dos películas. El thriller de Italia que estaba en plena proyección con virulencia en rápido crescendo, y la película en los EE.UU. que recién se comenzaba a rodar. Advirtió que el guion era el mismo.
P.: Nos asustamos por partida doble. Cuando Powell gatilló sin una motivación del todo clara, y ahora que la OMS confirma lo que ya todos sabíamos.
G.G.: Digamos que dividimos la conmoción. Quizás haya sido lo mejor.
P.: Se repite hasta el cansancio que la política monetaria, que ha sido la panacea en cuanto entrevero hemos tenido, poco puede hacer para contener la penetración del virus.
G.G.: La inflación es un fenómeno monetario; el coronavirus, no. Pero si vamos a hablar de los destrozos económicos, si lo que le preocupa es la recesión o el bear market o una crisis de crédito, yo diría que no se olvide de utilizarla. Quizás nos llevemos la trifecta a casa, pero un buen manejo de la política económica puede marcar la diferencia entre lidiar con una edición de bolsillo, manejable, y sobre todo, reversible en el tiempo, o la versión extra large, XL, empotrada en la pared.
P.: ¿Cuál sería la diferencia? ¿Una cuestión de profundidad de las caídas?
G.G.: Va más allá. No queremos que cuando baje la marea del coronavirus nos quede una colección de quiebras y bancarrotas, y que entonces se aborte la recuperación porque haya que pagar una factura enorme por el daño patrimonial permanente.
P.: Da la impresión de que los bulls no se rinden porque se aferran al milagro de un conjuro de política monetaria y fiscal, bien coordinado y muy potente, que a último minuto acuda a su rescate.
G.G.: Es así. Vuelven a la carga con una entereza notable cuando las noticias apuntan hacia allí.
P.: Pero no hay tal cosa sobre la mesa. ¿Será factible montarla en los tiempos que reclama la crisis?
G.G.: Yo le diría que hace unas tres semanas, como mínimo, que la Fed rastrilla el terreno con gran minuciosidad, y mete mano donde ve descascararse el revoque. La decisión de ampliar el tope de los repos diarios, y la introducción de subastas a plazo, es el mejor ejemplo. La Fed tiene un arsenal que ya usó en la crisis de Lehman que se puede volver a aplicar con leves modificaciones. Es Trump, curiosamente, el que se demora por no tener una estrategia fiscal ya decidida.
P.: No controla el Congreso. Tendrá que negociar con la oposición en un año electoral.
G.G.: Sí, pero no hay todavía una propuesta sobre la mesa para empezar a conversar. Una cosa quieren Kudlow y Mnuchin y parece que otra, su yerno, Jared Kuchner, y Peter Navarro.
P.: Mientras se define la receta fiscal, el virus ya está lanzado. En Italia hace estragos. Corre con ventaja.
G.G.: No es misión imposible. Como pasó en 2008, otra vez Gran Bretaña lidera con una iniciativa muy bien ensamblada. Baja de tasas, una línea de asistencia del banco central para que los bancos den crédito focalizado a las empresas (en especial, las pymes) y la anulación del requerimiento contracíclico de capital de los bancos del 1%. Eso por parte del Banco de Inglaterra. De manera sincronizada, la Tesorería anunció medidas para auxiliar a los hogares y las pequeñas empresas. La idea en común es evitar el ahogo, trazar un puente financiero que permita navegar un shock que provocará dislocaciones profundas, pero que es de naturaleza temporaria. De última, que Trump haga como Bush Jr. y les copie la receta.




Dejá tu comentario