"Mantener el árbol de Navidad encendido", esa es la clave

Economía

El actual descalabro mundial tiene ribetes muy distintos a los vistos en otras crisis económicas. Por ello los gobiernos requieren de creatividad. Pero por sobre todas las cosas que no se apague la máquina.

La crisis económica que detonó el brote de coronavirus (Covid-19) es diferente a todo lo visto hasta ahora. No se trata de una crisis crediticia, ni una crisis bancaria, ni una crisis de “Sudden Stop” (freno repentino de los flujos de capitales), ni una crisis cambiaria. La crisis actual es, en realidad, un poco de todo esto. Esta vez afectó, en forma simultánea, a las principales economías del mundo (G-7 + China) pero además las paradas económicas se están extendiendo e impactando sobre una amplia diversidad de sectores.

Por eso, dada la naturaleza transitoria del shock médico subyacente, expertos como Richard Baldwin y otros tantos convocados por el IGM Forum en Chicago Booth, consideran que los gobiernos deberían centrarse en “mantener las luces encendidas” utilizando medidas costosas pero rápidas para garantizar que el flujo circular de dinero continúe circulando. El objetivo: reducir la persistencia de la crisis y así evitar la acumulación innecesaria de tejido cicatricial económico.

Está claro que esta receta es casi música para los oídos de gran parte del Gobierno argentino que, seguramente, hoy anunciará más medidas de sesgo intervencionista y fiscal tendientes, principalmente, a “poner dinero en los bolsillos”, sobre todo de los sectores más vulnerables. Lo que a los ojos de la actualidad no parece nada descabellado, por más que la inflación se descontrole a futuro. Y algo de esto ya comenzó a emerger en el mundo (Fed, BCE, BoJ, BoE, etc., todos actuando)

Por ello, para entender cómo se debe pensar en contener esta crisis económica global vale recurrir a un sencillo ejemplo de Baldwin quien cuenta que cuando era niño las luces de Navidad estaban conectadas en serie, si una bombilla explotaba, toda la cuerda se oscurecía. Sus padres, de la era de la depresión, le enseñaron a arreglarlo revisando cada bombilla, una por una, las cien. El árbol estuvo oscuro durante mucho tiempo. Pero como, en aquel entonces, las bombillas eran caras y la mano de obra barata, la oscuridad prolongada valió la pena. Hoy reconoce que lo haría de otra manera, tendería a una opción “costosa pero rápida”, por ejemplo, reemplazar todas las bombillas a la vez. Después de todo, los bienes son baratos, la mano de obra es cara y la Navidad es corta. Por ello, le sugiere a los formuladores de políticas que piensen de la misma manera en la “medicina económica” para la crisis Covid-19: “Los gobiernos deben elegir opciones rápidas que mantengan encendidas las luces de la economía sin preocuparse demasiado por los costos. Después de todo, las personas son lo importante, el dinero es barato y este shock médico es transitorio”. Y si bien, como señaló el FMI, las crisis económicas son como los autobuses, siempre viene otro, esta crisis económica es diferente.

El Covid-19 está provocado tres los shocks económicos:

  • Por un lado, la enfermedad afecta la producción al tener trabajadores enfermos (desempleo temporal) y a los ingresos familiares.
  • Por otro, están las medidas de contención relacionadas con la salud pública destinadas a aplanar la curva epidemiológica como cierres de fábricas y oficinas, prohibiciones de viaje, cuarentenas y similares.
  • Y además está el choque de expectativas. Al igual que en la crisis global de 2008-09, la del Covid-19 tiene a los consumidores y las empresas de todo el mundo agazapados en un modo “wait & see” (esperar y ver). Esto es bien obvio en la caída masiva de viajes y estadías en hoteles, pero probablemente solo porque esos datos se publican muy rápido. Los principales indicadores, como los Índices de Gerente de Compras (PMI), han caído bruscamente.

Para visualizar dónde está pegando, al mismo tiempo, la crisis Covid-19 en la “máquina” económica recurrimos al conocido diagrama circular de flujo de dinero de Gregory Mankiw. En forma simplificada, los hogares poseen capital y mano de obra, que venden a las empresas, que lo usan para hacer bienes que luego los hogares compran con el dinero que les dieron las empresas, completando así el circuito y manteniendo la economía en marcha. El punto clave es que la economía continúa funcionando solo cuando el dinero sigue fluyendo por el circuito. En términos generales, una interrupción del flujo en cualquier lugar provoca una desaceleración en todas partes. El diagrama agrega algunas complicaciones más al permitir la existencia de un gobierno y extranjeros. También separa el gasto de consumo y el gasto de inversión.

Así las cruces rojas muestran dónde los tres tipos de shock pueden o están interrumpiendo el flujo de dinero, o sea, el dínamo económico, por así decirlo:

Los hogares a los que no se les paga pueden experimentar serios problemas financieros. Esto reduce el gasto en bienes y, por lo tanto, el flujo de dinero de los hogares al gobierno y las empresas.

Los choques de la demanda interna afectan las importaciones y, por ende, el flujo de dinero a los extranjeros. Esto no afecta directamente la demanda interna, pero reduce los ingresos extranjeros y el gasto en exportaciones.

La caída de la demanda y/o los shocks de oferta pueden provocar una interrupción en las cadenas de suministro nacionales e internacionales. Ambos conducen a una mayor reducción de la producción, especialmente en los sectores manufactureros. El “wait & see” retroalimenta todo.

Quiebras empresariales. Muchas empresas se han cargado de deuda en los últimos años por lo que pueden ser vulnerables a las reducciones en el flujo de caja. Esto crea nuevas interrupciones en el flujo de dinero no solo a acreedores sino también a trabajadores. Riesgo de efecto dominó o quiebras en cadena.

Despidos laborales, bajas por enfermedad, cuarentenas o licencias para cuidar a niños o familiares enfermos. Esta es la última pero quizás la más obvia de las zonas de ataque.

Entonces, ¿qué deben hacer los gobiernos? Como principio básico debería ser “mantener las luces encendidas”. “La crisis de Covid-19 fue provocada por un shock médico que se disipará. No parece ser una pandemia especialmente mortal, por lo que aunque muchos morirán y cada muerte es una tragedia, no es como la peste donde la fuerza laboral se reducirá significativamente de manera permanente. La clave es reducir la acumulación de tejido económico dañado, o sea, reducir el número de quiebras personales y corporativas innecesarias, asegurarse de que las personas tengan dinero para seguir gastando, incluso si no están trabajando. Un beneficio secundario de esto sería subsidiar el tipo de auto cuarentena que se necesita para aplanar la curva epidemiológica”, sintetiza Baldwin.

Al respecto vale destacar la opinión del economista de Northwestern, Christopher Udry, que al aludir a las implicaciones políticas del impacto económico de la pandemia señaló en el IGM Forum que “una recesión inusual, impulsada por las interacciones de epidemiología, política, psicología y economía. Necesita una respuesta más creativa”.

Alguien ya podría estar pensando en una AUH para los “autoacuartelados”. Todo sea para frenar la pandemia. El costo, después veremos.

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