15 de marzo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Leemos en nuestro diario, el lunes: «Habría perdón por un año de $ 7.000 millones de la deuda...». Pensamos, ¿y al año siguiente habrá que pagar los dos años juntos? Pero sigue la manera argentina más popularizada de ir corriendo los problemas para adelante y después... será otro cantar, o será otro el que se arregle, o serán los nietos y ya los bisniestos. Escuchamos comentarios de dichos de López Murphy: «No soy Dios, no puedo multiplicar los panes y los peces...». Da para una gracia, como decirle: «Ah, bueno... entonces no nos sirve. Porque aquí el único que nos salva es el que multiplique panes y peces». Mejor distendernos un poco, porque el ambiente en estos momentos se nota tan denso, como para cortarlo con un cuchillo. Lo estamos escribiendo un lunes a la noche, usted lo está leyendo en jueves por la mañana, desde donde estamos con nuestra vieja Olivetti «32» venimos de un «lunes negro» con toda la negrura. Si bien ya se ha perdido asombro por magnitudes, desde que los grandes mercados se volvieron tan volátiles como los más chicos, ver a un NASDAQ cayendo más de 6% en un día, cayendo abajo de los «2.000» puntos -viene de más de los «5.000»-, con réplica en el Dow Jones con más de 4% y arrastrando también al «S&P 500» en parecida marca: es todo un desastre. Japón, dando muestras de sus nuevas rajaduras; Turquía, rodando en el día más de 8 por ciento. En fin...

Acaso junto con esta columna hayan aparecido en primera plana las primeras medidas de quien no es Dios, bastaría con que resulten humanamente aplicables, pero no hay predisposición a recibir esas medidas con mucho beneplácito. Debe ser el ministro de Economía que más recelo precio, sin haber dicho nada todavía, haya generado en el grueso de la sociedad. No hablemos de economistas ni de acreedores externos, ni todo lo que responde al mundo de las finanzas: hablamos de la gente común. Y, por si no se lo recuerda, es esa misma gente común, con su actitud que denominamos como de «rebelión silenciosa», con su negativa al consumo, quien determinó el fracaso de Machinea.


Habrá medidas para sacarnos de la paz de cementerio, de permanente deflación, en que se vive... es el punto. Recordemos a Keynes y esa definición que reprodujimos sobre la incidencia de la inflación y la deflación, y de qué modo es mucho peor esta última para generar riqueza. Si se nos quiere sacar de la deflación, para volver a crecer, a generar riqueza, las medidas deben permitir recuperar lubricación a la economía interna. Pero, si la premisa mayor es cumplir con los de afuera, y el único «leiv motiv» es el déficit fiscal, el escenario será difícil. Mucho. Y con el contexto del mundo, más serio que portero de velatorio..

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