8 de noviembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

«Los imperios que están por caerse, siempre tienen muchas normas...» No viene al caso, y sí viene, porque se nos asoció sin esfuerzo aquella máxima que leímos en nuestra juventud -y la comprobamos con testimonios de la historia-con este último conjunto de medidas que se lanzó en nuestro medio. Que, obviamente, no somos un imperio -apenas, lo que queda de un país-pero que estamos tapados de decretos, de leyes de emergencia, de normas que vienen del lejano pasado, de nuevas leyes, de poderes, de superpoderes, de legislación ignorando al Congreso... y así. Finalmente, el hecho de que estamos por caernos (para muchos, ya nos caímos, pero no nos queremos dar por enterados). Hay mucha letra y poco ingenio, en los que idean supuestos «planes» integrales de la actualidad. Y la mayoría de lo que se expone, lleva aquel viejo defecto que ahuyenta a lectores: se han leído antes. Entonces, uno observa lo que vino viendo después de los anuncios. Gente que sigue caminando como antes de ello, gente que repite la historia de sus problemas. Gente que no llega a sorprenderse, y mucho menos a efervorizarse, ni mínimanente, y el «plan» que precisa permanentes reuniones de Cavallo para explicarlo. Y decretos que salen por doquier: mucha letra, nada de plata. Sólo bonos. Que quieren ingresar «a la cartera de la dama, o al bolsillo del caballero» de cualquier rincón de la República...

Falta magia, como la del austral, o la convertibilidad, o aun de la mentada «tablita» de Martínez de Hoz. Falta shock y ni qué hablar de punch. Hay reparto de la pobreza, le quitamos a Pepe para darle a Pedro, con lo cual hundimos a Pepe a la marca donde ya estaba Pedro y nos consideramos contentos -como trasuntan muchos funcionarios-de rasurar a media altura y masificar en el estrato inferior. El lunes nuestra Bolsa se floreó con las acciones, que volaron alto careciendo en absoluto de volumen. Un milagro bursátil tan sospechable, como que huele a hacer ciertos deberes para mostrar algún «apoyo» al plan y con señales que provengan de bien arriba. Porque ese día el riesgo-país no daba las mismas muestras y la tasa de interés seguía altísima. A dos días de los anuncios en general, la economía estaba dentro del mismo ritmo y con las mismas dificultades (una cadena de pagos cada vez más distante entre sus eslabones, mucho cheque rebotado, mucho diferido).


Puede que exista algún doblez no descubierto en sus beneficios, de estas normas que salieron todas juntas (aunque distan de parecer un plan) y sobre las que todavía se dan «roadshow» para que la gente las entienda. Mejor que así sea, porque sobre lo que sí se entiende de una, las medidas forman un rosario de dictados que apenas pueden beneficiar a unos pocos: pero, no al conjunto.

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