Varias veces en estos meses, ante cada medida trivial y aburrida que se tomaba, hablábamos de un poco de «magia»: aquella que habían tenido los dos planes de gran éxito en los últimos treinta años. Tanto el «austral», como «la convertibilidad» poseían mecanismos, y hasta palabras nuevas para el vocabulario popular. Primero había sobrevenido la gran sorpresa, un enorme vacío expectante, a continuación un emparejarse de tibios elogios y duras críticas, para después ingresar a una senda de explosión dinámica y esperanza que movía a la economía de una forma fenomenal (hasta que esa magia se quedaba en eso, hasta diluirse...)
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De todo lo anunciado, desde la asunción del gobierno actual, esto de ahora es lo único que contiene esa porción de «magia», capaz de golpear y sorprender a todo tipo de observador. Hablar de borrar el peso, en dos días, de arrancar un lunes con todo el mundo buscando un plástico. Con dinero fieramente racionado y hasta incorporando al sagrado cobro del salario, resulta algo inimaginable desde una semana antes y tal como venían las cuestiones. Cierto es que la posición de endeblez, casi todo el crédito consumido en «chácharas» menores, es mucho mayor hoy que ante los otros planes mencionados. Lo que une a esto con los anteriores es que se opera sobre los bolsillos de todos, disecando el mercado y haciendo que las personas se sientan desnudas, indefensas, distanciadas de lo suyo y sin otro recurso que obedecer lo que le dicen. Pero, la goma está mucho más tirante, se ha jugado una carta a fondo -distinta y original-a sabiendas que si la recepción falla, todo está perdido. No parece descabellado pensar que el gobierno se ha jugado justamente ello, en esta vuelta arriesgada. El gobierno... Se necesitan más «milagros» que antes para conseguir que todo vaya calzando, porque al primer impacto le sucederán los efectos y esto aparecerán con las estadísticas sobre el escenario de diciembre (actividad, recaudación, etc...) Suponer que habrá de crecer algo, es la imagen más difícil de hacerse, porque se ha puesto una tapa a presión sobre gente que quería salir hacia otra parte. Decir que ya no se cambian muchos pesos por dólares, suena ridículo, habida cuenta que el bien que escasea es el peso dentro del circuito.Y por esto es que también se intentó suprimir la tasa de interés para pesos: porque el bien que escasea, se encarece. Han borrado al peso argentino por simple decreto, aunque el decreto no lo diga expresamente. Cavallo menciona que la gente «eligió dólar» aunque difícilmente agregue que lo hace por los desastres en la economía nacional, que conduce --justa-mente-el mismo personaje. Hay toda una desesperación insólita para que se instale el «dólar de hecho», echando la culpa a la gente.
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