Octubre se presentó con aumentos fulminantes en los índices de Wall Street, que habían terminado setiembre con bajas fuertes. No deja de ser extraño que el último día para corregir carteras de un mes presente una tónica muy inclinada hacia uno de los lados. Mientras que al día siguiente, ya pisando el otro capítulo, se concrete una formidable reacción. Si estuviéramos solamente en Buenos Aires, con sus indicadores del país de Liliput, inmediatamente podría imaginarse una «inducción» para torcer los índices en la última rueda, la que impresiona a los jurados -como en el boxeopero que también es la que tiene en sus manos definir el destino de las carteras. En especial, de las institucionales de todo rango. Pero al ocurrir en el Norte, todo sucede como si fuera más normal, más atado a como se denomina esa estatua del «oso y el toro» en el hall del NYSE, a quien el autor tituló como: «Las fuerzas del mercado». Sin embargo, en este año tan conflictivo para ellos, demostraron que se las gastan en versiones muy aumentadas -como corresponde a un gigante-desde el flanco de las empresas, así que las maniobras de otro tipo, ya con perfil de manipuleo, no pueden descartarse de lleno...
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Pero en esos dos días y desde nuestro interés doméstico, resultó más figura para analizar el recinto de Buenos Aires que lo de Wall Street y compañía. Porque cuando allá los tapó el agua en esa última fecha, con más de 4 por ciento de baja, por aquí no nos dimos por enterados y hasta acusando una leve suba. Pero en el momento del rebote que dieron en la primera rueda de octubre, los Mervales resultaron también totalmente ajenos y oponiéndose a casi todos los centros bursátiles -que actuaron en consonancia con NuevaYork-tuvieron una jornada de lo más pálida, sin fuerzas para plegarse a la suba y anotando en baja. Esto ya se había visto, como a lunares, dentro de la segunda quincena, ese desengancharse de todo y de todos, volviendo a los tiempos de «entre cuatro paredes» y llegando al fin de mes con 5,5% de aumento: cuando el Dow perdía 12,5% y el Bovespa, casi 18%. «Demasiado bueno para ser cierto», habrá pensado más de un inversor razonable. Y habrá agregado la preocupación de haber quedado como esos satélites que cumplieron su misión y son desconectados: describiendo órbitas por simple atracción terráquea, pero olvidados por todos, hasta caer... La coincidencia de esto con algo que pasó solamente como una nota de color en los diarios -el haber sido eliminado, de la lista de mercados para invertir-es como para tener en consideración. Porque si desde afuera no llegan siquiera los pocos focos de inversión, sabiendo la sequedad de capitales de riesgo locales, todo puede derivar en un mercadito que se cierre y se cierre... La comprobación de esto que aparece como un perfil, que puede llegar a corregirse, o a tomar cuerpo, es la tarea para llevar a cabo en octubre. Si es que estamos solos, entre nos. Informate más
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