16 de octubre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Ahora la llave maestra se titula: «el acuerdo». Tal como antes se creó un monstruo llamado FMI, sobre el que se manejó la dialéctica política y económica para verlo como el culpable de nuestros males, se ha formalizado esta corriente de cuasi cura milagrosa en la medida en que se firme ese «acuerdo», tan mellado a lo largo de los meses. ¿Será así? ¿Puede ser así y el lector lo ima-gina de tal manera? Tenemos nuestras grandes dudas de que los segmentos que piensan se vayan a tragar el sapo vivo. Pero se sabe que en la medida en que se alimente una corriente los adherentes a esa idea «colaboran» en intentar que forme algo de cuerpo. Lo que daría tiempo para poder seguir armando negocios, montar verdaderos escapes y hasta que se baje el telón sobre el nuevo sainete y la verdad nos golpee con la fuerza que se puede advertir: nada, en lo profundo, parece haber variado en el país. Las mismas prácticas, los desvíos que quedan dibujados en el aire y una lucha feroz, porque la torta es cada vez más reducida, con funcionarios tratando de seguir metiendo la mano en el bolsillo del que puedan. Y liberando de obligaciones, y tarifas, a los que estando en condición inferior pueden ser un caldo de cultivo para explosiones. Así, salió Duhalde a tratar de amortiguar el seguro aumento que deberán darles a sociedades de servicios, que aguardan desde la devaluación. Pero recargando posiblemente la mano sobre los segmentos que «todavía pueden», gente que cubriendo aún sus obligaciones figura casi como contingente de acaudalados. ¿Se conformarán con eso los concesionarios? ¿Qué viene atado en el famoso «acuerdo»?, ¿qué deberán comprometer para que le firmen un salvoconducto temporal? Se irá sabiendo, con la estrategia de seguir dorando píldoras y prometiendo que a través de esas carillas con el Fondo seremos otra vez punteros de Amé-rica. En tanto, Brasil ya nos quitó la ganancia virtual del tipo de cambio; están otra vez en condiciones de apuntarnos con un real más barato que el peso argentino. La misma historia, en otras cifras...

En la Bolsa se puede ver que se vino sacando partido del halo místico de «el acuerdo», saltos de precios aun en sociedades de muy precarios medios, endeudadas hasta el cuello y con mercado interno comprimido, o en acciones de
bancos que festejan el que hayan entrado unos pesos como depósitos, que son simples jugadas para aprovechar el corto plazo, y que están con un pie adentro y el otro dispuesto a salir a la carrera: salvo que le impongan otro «corralito». ¿Imposible de concebir? No, «imposible» no es ya palabra para utilizar en la Argentina, aunque ahora se esté gestando todo ese movimiento que buscará usufructuar un tironeo de algo que aparezca enancado en tan buenas noticias. Lo otro seguirá siempre igual, y esto destruye toda posibilidad de suponer porvenir más venturoso, al menos, no con estas credenciales ni con estas bancas ni con estos legajos...

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