13 de enero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Casi la mitad del petróleo de nuestras tierras lo extrae Repsol YPF (47%, según estadísticas a agosto) si se le suma lo que sería ahora de Pretrobás, ex Pérez Companc, pasaría de la mitad (no contemos a las que siempre, siendo extranjeras, tuvieron concesiones). Alguna vez hablamos de un asunto petrolero que es siempre muy controvertido, preguntándonos si al poseer reservas propias no constituía esto una importante ventaja competitiva, ante países que no lo tienen en cantidad suficiente. No somos una nación «petrolera», solamente somos un país «con petróleo» (el fundador de Astra, otra que era netamente local y pasó a ser de Repsol, se encargaba de remarcar tal diferencia básica). Si ante una crisis atroz, como la que vivimos, un insumo vital para tratar de mover la economía -como el petróleopuede ser privilegiado en sus precios internos, por un Estado que -a la vez-exporte cuanto pueda a precio internacional: no parece resultar una mala utilización. Porque, ¿de qué sirven los recursos naturales, si no es para favorecer al ciudadano de esas tierras? En manos foráneas, la realidad es muy distinta: tanto adentro, como afuera, se pagará nivel internacional. Como si en vez de poseerlo, se lo importara. Con lo cual, la Argentina queda casi como Brasil, uno que es autosuficiente y el otro al que lo que tiene no le alcanza. Cero ventaja. Acaso sea uno de los temas que merecía una vasta discusión, con los que están debidamente preparados (y los que tienen la visión de adentro hacia afuera y no al revés), pero que nunca se realizó. A Perón, se le acusaba -cuando se lo derrocóentre muchas cosas, de haber hecho acuerdos con extranjeras. A Frondizi, directamente, le quedó el rótulo principal en querer vender el subsuelo (otro derrocado).

En los últimos años, alegremente, ese recurso se vendió como si fuera una fábrica de galletitas. Hoy, se está mendigando que las empresas no sigan aumentando los combustibles. Ayuda para la crisis: cero. Todos, marchar presos y pagar como los japoneses. Lo insólito de toda esta historia es que, a estas alturas, con todo acordado entre una privada local y una estatal brasileña, sale el Poder Ejecutivo a tratar de ver si la transferencia se debe realizar.Y por allí surgen las mil hipótesis, si es que hay interesados en «morder» algunos activos -los de energía-o si es que Duhalde quiere aparecer «duro» ante Lula. Algo así, como, «si hacés la bomba atómica, te bochamos la compra de P.C.»... un modo caricaturesco, de semblantear lo que siempre son los duelos entre nosotros y ellos. El tema es que quedó la incertidumbre flotando, mientras toda la Bolsa trepaba a P.C. se la vio como adormecida, el miércoles.Y otra anécdota para lo insólito quedó grabada con esa novedad totalmente descolgada de una lógica que, si esperaba algún reparo, debió aparecer en el momento de la intención de venta y a quién se la vendían. Pero, si todo el grueso anterior se vendió, ¿cómo hacer para objetar algo? ¿O será que Duhalde lee diario viejo?

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