10 de marzo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Muy bien, después de tantos meneos: tenemos «redolarización». Todavía no se entiende a qué venían tantos miedos, si cuando salió el fallo los miembros del gabinete emitieron su propio fallo: «¡a mí qué me importa...!», parecía leerse entre las líneas de los dichos de Lavagna y Alvarez. Nada va a cambiar en absoluto, todo sigue igual en la economía y las finanzas. Cosas por el estilo y que declaraban los dólares de San Luis, como una zona de exclusión. No cabía para los demás. Es la forma argentina de dar una interpretación a todo, a los códigos, a las leyes, a los fallos, que pasan por el tamiz de funcionarios gobernantes. Una especie de Corte Suprema adicional, con derechos a hacernos de traductores. Pero, el ruido que rodee a esto ya será materia de primeras planas, nuestra simple columnita busca debajo de los cascotes y grandes rocas de las noticias, tratando de resolver aquello que no está en boca de las sobremesas hogareñas, o en las charlas de café. Y para hoy, nos quedamos con una nota, dos columnas y poco más de la mitad de alto, de nuestro diario del miércoles. Donde aparece un dato sumamente serio y que es capaz de desvirtuar, todo el artificio de país creciente y números en orden, que se intenta inyectar en estos meses.

Se trata de: «Sube más deuda «flotante». Las demoras en los pagos en que incurre el Tesoro Nacional, va acumulando compromisos por doquier. En tanto, por la otra puertita, los funcionarios de Economía dispersan números de neta diferencia favorable en nuestra balanza. Toda esa deuda que «flota» (y habrá de sobrevolar, como un carancho, al sufrido próximo ministro) se menciona que «sería equivalente a todo el superávit primario, fiscal, logrado por el gobierno en el primer bimestre del año y cercano a los $ 1.300 millones...».

Esta terrible realidad no espanta a la opinión pública, tampoco tiene cabida alguna en los programas más populares y de gran audiencia. Es vista y tratada, con preocupación, en la comunidad de los analistas que siguen de cerca -o tratan de hacerlo- la «magia» de nuestros astutos gobernantes.
No pagar, es una buena fórmula para que todo lo que sea un ingreso, aparezca como un saldo neto bien positivo. Es como no pagar los compromisos de la deuda gigante y pretender que hay un país recuperado. En este caso, es un país que consigue «hasta superar las metas con el Fondo». Mientras hay un tropel de proveedores del Estado, de exportadores, de quienes le prestan servicios... que peregrinan para ver si les pagan. Y no les pagan. Porque, allí, debe correr la fórmula actual de: «vení después de abril...». Mientras esto sucede, nuestra señora -como la suya, seguro- entra quejándose de que el dinero alcanza cada vez menos. A juzgar por lo reportado por el INDEC (0,6 por ciento de inflación en febrero) las mujeres nos mienten. A menos que no sean ellas y otro nos mienta. Dibuje números peor que el directorio de la Enron. ¿Usted que cree?...

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