21 de abril 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Vuelven las «acciones de vigilia», después del descanso largo, y mejor que estén vigilantes, porque van de lleno a la definición política del período. No es sencillo imaginar la semana, especialmente cuando el paréntesis condiciona la prosecución de lo que se traía y que en la etapa corta reportó beneficios de lunes y martes -como 4,5%-, llevando otra vez al Merval a la cercanía de los 600 puntos. Esas ruedas resultaron casi un «copy» de lo sucedido en Wall Street, con la ola mayor desplegada el lunes, amainando el martes, pero sacando a los mercados de su insufrible monotonía anterior. Esta semana podríamos suponer que nos despegamos del resto, a menos que exista cierta noticia «bomba» desde afuera y cuando se viene del «descontento conque recibió Estados Unidos el voto de abstención argentina sobre Cuba...» Una cuestión que pasó como de largo en los cables, pero que se tiene que anotar en apostilla al margen de estadísticas y gráficos, porque esta gente seguro que pasa «factura». Desde el gobierno, la despedida es arreglar con todos, prometer mejoras, evitar actos conflictivos y seguir cargándole compromisos al sector privado, desde el sector público. Debe estar prevaleciendo la idea de la fuerte expansión monetaria, como para que fluyan el dinero y el consumo. Una actitud bastante riesgosa, quizá basada en la equivocada tesis de muchos sobre que la inflación se quedó quieta.

Cuando se habla de rescatar bonos contra pesos (esto parece la época de las onzas cotizando, lástima que los bonos no son de oro) y de que se dispondrá de créditos externos para ello, lo que falta por comentar es que un bono provincial tiene un circuito reducido, limitado. Afecta a una porción de la comunidad de origen, pero los «pesos» que se canjeen pueden correr por todo el país. Ciertamente que no les han preparado un camino de rosas a los que deben timonear la economía siguiente, los meses finales han sido de clara «mano abierta» y quién puede dejar de pensar en el combustible electoral para algunas medidas (como la de los $ 50 más) que nadie estaba solicitando con alguna enjundia. Se sabe que las empresas privadas quedaron trinando, que más de una entrará en problemas -si los paga o si los niega-. Pero hasta dónde puede el gobierno -no el Estado, inocente- colgarles semejante peso a empresarios que recién están tratando de reacomodarse tras las crisis, con muchos sectores que solamente repuntaron algo. Los de mano de obra intensiva, quizás hagan la de siempre: que los $ 50 salgan de un recorte de la plantilla de empleados. O que los balances se continúen adelgazando. Vamos a las elecciones absolutamente descreídos, en general, con serias dudas acerca de a quién se le emitirá el voto, o si a ninguno. Por eso, la fecha del domingo no sólo es singular por los candidatos y lo apretado de las encuestas parciales, sino por una incertidumbre absoluta sobre quién va al podio. Y la Bolsa deberá mostrar parte de esto, en estos días.

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