10 de junio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Decíamos, en el comentario de ayer, previo a la rueda, que se está poniendo demasiado de moda la búsqueda estadística del Merval, pasando por encima de las asimetrías que contiene la actualidad -de país y Bolsa- con lo que imperara en la década anterior. Y así como no resulta fructífero encontrar parangones entre el antes, y el después, de un mercado globalizado a inicios de los '90, con lo que sucedía hasta esa época anterior, tampoco dará frutos comestibles un árbol de números: donde los pesos del uno a uno, se confronten con los del tres por uno. Y no vale cotejar a un país viviendo en «default», sin crédito interno y externo, con las empresas condenadas a exportar o vegetar, con aquello que ya se estaba viniendo abajo: pero donde nadie se atrevía a discutir siquiera la «convertibilidad». Para el grueso de funcionarios, políticos, economistas, el asunto era casi un altar sagrado. Claro, hasta que vino la devaluación y la gente que desea seguir en escena, cambia velozmente de ropajes intelectuales, o técnicos. Da la casualidad que estos Merval, los clásicos se superponen a los de mediados de 1998, en esa línea de los «720» puntos. Siguiendo el razonar de hacer una relación, el mercado accionario ha recuperado terrenos de estos años y se sitúa mucho más cerca de la cima histórica -cerca de los «900» puntos- que de pisos del ciclo bajista, abajo de los «300» puntos. Por esa vía, más de uno podría estimar que «se ha subido mucho», frente a una política y economía que apenas balbucean, tantean, de qué modo sacar al país de la varadura, de la mala onda, de la pésima imagen internacional después de repugnar compromisos.

Todo adquiere razonabilidad, pasando al índice a moneda constante habitual, donde se debería dividir al Merval por tres: y al encontrar los «240» puntos, fuertes, se vería que el mercado está navegando por las zonas más depreciadas del ciclo de la globalización. ¿Qué imagen es la que concuerda más con la realidad? Pero, esto también puede ser simple puerta para una trampa. Porque la conclusión lineal sería a la inversa de la anterior: «entonces, la Bolsa está muy barata». Puede resultar más digerible concluir que «algunas acciones, es probable que estén muy deprimidas». Pero, no puede soslayarse que a toda una columna vertebral de la economía y de los paneles bursátiles, la multiplicación de la deuda se les ha hecho monstruosa. Que difícilmente, la mayoría pueda colocar papeles de deuda, que están luchando por renegociar compromisos. Y que las que no posean un producto estrella para la exportación, u otros productos estrella para suplantar importaciones, se quedan boyando en un mar de pobres resultados operativos: con fuertes castigos financieros. Lo mejor, en principio, es dejar de lado la estadística de los índices de distintas temporadas, salvo que estén dentro del mismo escenario en que se vive. Casi nada es igual a lo anterior. Se hacen así «inconmensurables», incotejables, los números que hoy se quieran hacer calzar.

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