Todo parece sonreírle a la inversión bursátil, para seguir quemando etapas y acelerando su recorrido. Basta observar cuánto le costó quebrar una línea de «600» puntos al Merval, que ya había conquistado en enero, para después atravesar en pocas semanas al «700» y, de ahí, alcanzando el viernes pasado la nueva cumbre de los «800» puntos. No se hizo en el aire, porque también cabe recordar que cuando se hacían $ 20 millones en acciones -hace unos meses- parecía un mercado «más entonado» y en junio se llegó a multiplicar la cifra por cuatro, para hacer un «buche» y retomar ese viernes a una marca de $ 68 millones. La falta de alternativas juega como carta principal, seguramente, más un escenario donde se han abordado ciertos temas con desprolijidades varias -del nuevo gobierno- y amagando con ir a fondo, para después navegar a media agua, pero que han servido de símbolos, adentro y afuera. Hasta el FMI le sigue dando algo de cuerda a las finanzas, acaso en esa prueba de «veamos hasta dónde pueden estos tipos...» Por supuesto que habrá en el camino algunas pruebas a tener que pasar, para que ver con sacar partido del momento, vivir la hora, después se verá qué sucede cuando haya que digerir una fruta amarga en el contexto. La alta concentración de los negocios, en pocas manos fuertes, institucionales en general, es una situación que puede jugar a favor así como crear brechas serias si uno de los grandes, abandona la mesa en algún punto. No hay asimilación desde el gran público, no es un movimiento que se ganó en la calle, sino en los escritorios de inversores seleccionados. Y el «vamos para arriba» se fue afirmando, apareciendo después las órdenes. Esto, de seguir, le otorgaría un buen marco a una Bolsa de Comercio que está próxima a celebrar su aniversario 149º y que aguarda, como es norma, la visita presidencial. También era norma, hace años, hace años, que el ministro de Economía acompañante dispersará alguna novedad dentro del recinto bursátil referido a planes económicos, o hasta alguna noticia sobre lo bursátil directamente. Como están las cosas, acaso se pueda producir un «revival» de aquellas noches de fiesta en el «viejo recinto». Hasta ahora, no tenemos informe de que se haya aceptado la invitación colocándole fecha (la Bolsa cumple el 10 de julio, pero siempre se ajustó a la agenda presidencial para realizar el agasajo). El año anterior Duhalde cortó la tradición, pero también estaba cortada la tradición de gobiernos elegidos: vaya una, por la otra. El que vendrá de modo consecutivo será Lavagna, quien bien haría en dar algunos adelantos formales de ese «súperente» que estaba en carpeta y que involucra a todo el sector financiero, inclusive al bursátil. Existen expectativas al respecto en el ambiente, y bien se hace: porque cuando el Estado ha ensayado organismos de intervención directa en los mercados, generalmente han terminado en mamarrachos.
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