29 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

... Hace mucho, mucho tiempo. En realidad, no tanto en lo cronológico, pero con el ritmo de vértigo que tomó nuestra historia de los '70 hacia aquí, tres décadas resultan como tres siglos de algún país normal. Bueno, el tema es que allá lejos, cuando el ministro de Economía resultaba ser el Dr. Aldo Ferrer: se produjo un hecho singular para nuestra Bolsa. El presidente, militar, puede haber resultado el más extraño de la historia: se llamaba Roberto Marcelo Levingston y resultó una suerte de intervalo, entre Onganía y Lanusse. Lo de extraño, viene a cuento porque parece ser que entre las disputas internas que ya tenían los generales de la época, buscaron, rebuscaron, recorrieron la lista y trajeron alguien que era como un personaje «importado». El hombre estaba en Washington, como enviado argentino, le mandaron el pasaje y cuando llegó: asumió como presidente. Velozmente se le subió a la cabeza el poder, llegó en 1970 y para el año siguiente... estaba Lanusse en su lugar. Pero, el hecho es que Aldo Ferrer (nuestro ministro de Economía número «53»), elevó un proyecto con la Ley «19.061». Fundamentado en darle un aliento al alicaído mercado bursátil, y para que las empresas no tuvieran que endeudarse con altas tasas, lo que luego fue aprobado y puesto en práctica se trataba de una: «desgravación impositiva», hasta 10% del impuesto a los créditos que debiera pagarse por personas físicas, o sociedades, destinado a la compra de «nuevas acciones» (las emitidas por «suscripciones»). Una cláusula establecía el tener que poseerlas en cartera por 3 años, para que quedaran liberadas. Esto, que entró a funcionar en 1971, tenía fecha límite en 1973 y -durante el último año- una comisión especial debía analizar, los efectos que la ley hubiera producido sobre el sistema y los objetivos buscados. No hubo tiempo para nada, al año siguiente ya estaba Lanusse, y con dos ministros iniciales que, si se los coloca en algún programa de preguntas y respuestas: difícilmente alguien los recuerde, inclusive muchos economistas o analistas de hoy.

¿Con quién arrancó el gobierno de Lanusse, antes de llegar a un más recordado Jorge Wehbe? Piense. No piense más, el primero J.A.F. Quilici. El segundo, Cayetano Licciardo. Así que toda evaluación de lo puesto en marcha, se fue junto con Levingston y Ferrer. Pero, quedaron testimonios de aquello: se ven saltos de importancia en las suscripciones, cierta revitalización de la plaza: y la llegada de
mucha gente nueva, lo principal, que conocía al mercado a través de destinar ese 10% de sus impuestos, a tener acciones. Lo perjudicial vino después, porque como el asunto no mejoraría: en cuanto se liberaron las partidas, al cumplir tres años, hubo una sobreoferta indeseada. De todos modos, fue un intento, artificial sí, no es el ideal andar con muletas. Pero, se mostró una idea, interés por dar realce al mercado en lugar de dejarlo tirado a su suerte. Nunca más se intentó nada, sólo buscarle competencia: y desterrarlo del todo.

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