Vamos a tomar de lleno un setiembre difícil. Es la estela de inquietud que viene recorriendo todo el ámbito de los pasillos -políticos o económicos- desde mediados de agosto. Las preguntas, de preguntadores de TV, a cuanta supuesta «autoridad» económica consiguen tentar para que se siente en un panel, ya abordaban el tema de: ¿qué pasa si no se arregla con el Fondo? ¿Qué sucedería, experto Fulano, si el país no arregla en término y no paga al momento del vencimiento? Y así. Los respondedores, muchos de ellos volviendo a colocar sus caras de cemento en momentos donde la moda es la izquierda -pero que fueron conocidos apareciendo por derecha, bien derecha- y acomodándose a cualquier situación que no los enfrente al poder de turno, sacan alguna de las muchas respuestas que ya traen, estándar, dentro del saco y contestan como para no irritar ni asustar demasiado a nadie. Mientras nuestros legisladores se avienen a lo que supuestamente se precisa, como tantas otras veces, un funcionario del Norte que estuvo dándose una vuelta por el país se despacha a gusto desde Washington, no con aseveraciones nuevas -por todos conocidas, aunque no por todos reconocidas- y esto parece caer como una novedad. Mezcla rara de economía y elecciones varias. Curioso tablero de indicadores financieros, donde las tasas son de Suiza y los operadores de Ruanda, quedando dólar y Bolsa como para darle algún destino al capital que busca no perder tiempo.
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Y la Bolsa se acomoda a las circunstancias, también adaptando las situaciones a la coyuntura y esperando que llegue una «palanca» para crear un movimiento que, por de pronto, no son más que intentos dispersos para no caernos de los 700 simbólicos. Dos ruedas insólitas, con volumen deprimido y Merval en alza. Una tercera que pudo agregar un poco más de negocios, el día de la licitación de papeles de deuda con esas tasas increíbles, mientras la cuenta regresiva al «acuerdo» seguía dejando caer sus fichas digitales. Sembrar tantas dudas por el arreglo puede darle una carta extra al mercado, un «comodín» necesario para que arme algún juego, ya que parecería todo un suceso que se firme «algo» dentro de ciertos tiempos presumibles. No se ahondará demasiado en qué se firma -posiblemente Lavagna vuelva a jugar a las escondidas, aduciendo nuevamente las cuestiones electorales-, pero se podría utilizar como estímulo oportuno. En caso de no producirse la firma que se negocia, el setiembre difícil tomará un cuerpo obeso, que ya tiene unos cuantos kilos de toda índole que le vienen de meses previos. La economía deberá asumir el primer plano abruptamente, aunque ahora esté semioculta debajo de los shows políticos que se han organizado. Llegará la hora de tener que enfrentarse, cara a cara, con realidades que no se han modificado en absoluto. Toda la madeja que se fue enlazando a lo largo del año anterior y que no ha podido ser comenzada a desatar. Informate más
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