3 de septiembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Así en 2004 se cumplirán 150 años de actuación de nuestra Bolsa de Comercio, también -en octubre- se habrán de cumplir 20 años de la inauguración del nuevo recinto, reemplazando a la «tiza» por la electrónica. En verdad, dos décadas no es mucho, pero tantas vicisitudes se han pasado en esos veinte años de país, que aquellas jornadas de «viejo recinto» pueden aparecer sólo borrosas en el recuerdo de muchos operadores de hoy que también estaban en aquella época, como nosotros. Sería interesante que pudiéramos instrumentar algún chequeo entre agentes e inversores, de antes de 1984, y que estén presentes en la actualidad, para -simplemente- preguntar qué mercado les agrada más. Dos escenarios muy distintos; el otro estaba limitado, actuando casi con exclusivas motivaciones propias, un tanto al margen del mundo. Obviamente, con mucho menos volumen global que el de ahora. Pero hay otros varios aspectos que juegan en la opinión, datos precisos que marcan diferencias serias. Como dato del contexto, digamos que la Argentina estaba con 46.000 millones de dólares de deuda externa. Hoy, casi multiplicada por cuatro veces. En la Bolsa de 1984, todavía cotizaban 236 sociedades sus acciones. Esas empresas pagaban anualmente dividendos, en efectivo y en acciones, además de las entregas por revalúo; todas ellas son hoy costumbres casi inexistentes. Al título privado ya lo estaba arrollando el valor público, en relación de 87% a 13% sobre los totales que se negociaban. Y, justamente, el año del cambio al nuevo recinto resultó bastante difícil de soportar para los inversores. El Indice de Valor de la Bolsa -el único seguimiento, porque el Merval apareció en 1986- había cerrado 1983 con un nivel 100,9 y para diciembre del año siguiente se ubicaría en solamente 60 puntos. El contexto económico, con una primera política del gobierno de Alfonsín que generaba profunda desilusión -posteriormente salvada por el plan Austral-, había creado una zona sumamente árida para la Bolsa.

Sin embargo, esto no restó la cuota de entusiasmo por arribar a un
nuevo recinto, pleno en tecnología y acomodándose a los mejores del mundo; en la última rueda, el 1 de octubre de 1984, socios y agentes de Bolsa organizaron un verdadero carnaval en la nave del recinto viejo con una ceremonia emocionante, al desmontar la campana de llamada a plazas que actuaba desde 1916...

Era otra Bolsa. Otras ruedas. Todo más reducido. Pero si se nos permite la primera opinión en ese chequeo, diríamos que aquello era «más Bolsa», en estado puro. Todavía con el recinto a pleno, los mejores artesanos en el comprar y vender dando verdaderas cátedras, para que se viera desde la «baranda» que estaba casi encima de ellos, con el público. No sería demasiado fácil ponerse de acuerdo en cuánto se ganó y cuánto se perdió en nuestro sistema en estos 20 años de cambio de recinto. Ganando en tecnología, en capacidad, pero quizá dejando jirones de verdadera Bolsa. (O, quizá, no...).

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