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Si lo adoptamos par aplicárselo al Merval y esta incógnita que plantea a partir de su nuevo milenio, la clave puede estar en analizar bien sus condiciones y sin detenerse tanto en lo que todo inversor u operador puede ver, porque está a la vista y en superficie. Tratar de encontrar qué es lo que le está faltando, para componer una figura sólida en tren de futuro. Dar con esto es tan subjetivo en muchos aspectos, como lo dicho por Griguol, pero tiene regias recompensas si se acierta. Centrarse en las falencias, no en las virtudes, ver de qué manera esas faltantes podrán, o no, ser cubiertas. Y, entre esas cuestiones, puede estar el régimen de volumen que será necesario para sostener el ascenso. O en qué ritmo deberían entrar las empresas, para que sus acciones cotizantes no se aparten mucho más de lo que están en condiciones de generar en sus balances. En estos términos, en tal altura y con un mercado que rinde más de 110% en dólares, en menos de un año, que duplicará el nivel de su índice cuando llegue a los «1.050» puntos, todo no es sólo apuntar y comprar. O afirmarse en la creencia de que hay mucho techo si se lo mide en Merval dólares, respecto del pasado. Esos argumentos son conocidos y no se verá nadie sorprendido, o incitado a la compra, por tales motivos. Buscar, para encontrar lo que otros no encuentran, y no quedarse admirando el fenómeno sino, mirar el defecto.




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