18 de diciembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Henos aquí... a mitad de camino para cerrar el último mes del año y luchando a brazo partido por conservar una clausura en 1.000 puntos. Este mercado, nuestro mercado, una especie muy particular dentro de la gama bursátil del mundo, ha sido capaz de engañarnos una y otra vez. Y allí va, de nuevo, por Dios... ¿De dónde venimos, dónde estamos, qué nos espera más adelante? Difícilmente otra Bolsa actual pueda plantear tantas preguntas de fondo y no pueda responderse -seriamente- ninguna. Mil puntos, bien. Mil puntos está caro, dirá otro. No, no, mil puntos es todavía poco, por esto y por aquello... Fácilmente se puede lanzar un pronóstico que no pasa de resultar una expresión de deseos disfrazada, como para ubicar al Merval donde a cada uno se le antoje, con vistas a 2004. Cuando para el excelente número «Aniversario de Ambito Financiero», se nos solicitó una nota que intentara delinear un posible 2004, tal la tesitura de todo ese trabajo periodístico, transitamos un par de rutas que involucraran el simple mecanismo deductivo, con algunos factores que podrían ser los esenciales, para ir con el mercado en una u otra dirección. Y le agregamos el segmento de lo estadístico, los sucesos de la tendencia en años pares, en fin... Todo goza de una extrema debilidad tratándose de futuro, mucho más en un escenario como el nuestro.

Y resulta que estamos aquí, en mitad de diciembre y consumiendo las últimas ruedas sin los efluvios de las fiestas, mirando al Merval, que volvió a resbalarse hasta los 980 puntos y contrayéndose en volumen, como si fuera el último fraseo de «Quejas de bandoneón»...


Nos engañó. Creíamos que nuestras dudas anteriores habían sido barridas por una plaza que superó los 1.000, los dejó atrás, y trabajaba con suficiencia unos veinte puntos más arriba. La siguiente parada, llegar a 1.050 y duplicar el índice de finales de 2002, estaba al alcance de la mano. Lo que vino después, cuando hablamos de las dos semanas clave intermedias, deparó una baja global de más de 3% en la primera. Y un inicio de la otra, en el lunes, con caída de 1,2% y volumen en paupérrimos $ 30 millones. Luchando para no derrapar de los 980 puntos, formalizando esa lucha por la cumbre y poniendo en duda el asentamiento de los 1.000, cuando podía darse por hecho. Es lo malo, y es lo bueno, que tiene la inversión en Bolsa. Nunca nadie podrá reposar tranquilo creyendo que la faena está hecha o la ganancia asegurada. Es su espíritu, es su esencia, es lo que hace que a algunos les repela la inversión y a otros les atraiga: aunque los dos
son la misma persona. Como aquellos versos de: «Rencor, tengo miedo de que seas amor...» No sabemos bien con qué solidez hemos construido el año, el volumen aparece y se retira. No llega en cantidad suficiente, proporcional a la suba. No estamos seguros de en qué punto estamos parados... ¿y quiere adivinar 2004?

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