Cupones bursátiles
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Las polémicas de fondo hace años que han venido dividiendo las escasas aguas -en vez de unirlas-: que si el piso tradicional, o las terminales. Que si la concentración en carteras fuertes, o el llamado «chiquitaje» que llevaba la Bolsa a las calles. Que si no importaba que desertaran diez compañías de mediano porte, si entraba en su lugar una sola de enorme envergadura. Que si conviene una capitalización bursátil atomizada, o solamente importa cuánto dice la línea final. Que si la concentración del sistema, o la dispersión, innumerables temáticas que han tenido entusiastas propulsores, o acérrimos críticos. Y como marco a todo esto, gobiernos que pasaron y no miraron la Bolsa ni de costado, aunque vengan a los aniversarios con bellos discursos sobre «la importancia de la Bolsa en la economía». Puede que 2005 resulte apropiado para ir cerrando brechas, uniendo energías y analizando los instrumentos que permitan recolocar a nuestro mercado, dentro del menú habitual de la gente. No se realizó el debido ruido en su momento, cuando todo era fallido en el sistema financiero y la Bolsa cumplía con todos los compromisos sin precisar de un solo día de suspensión de operaciones. Lo que marcó un gran hito histórico, la sola «palabra» por encima de contratos, convenios o pagarés. Revaluemos lo nuestro, hombres de la Bolsa, lustremos el bronce.




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