Nos sigue costando entender a qué tipo de estímulos responde el mercado cuando produce esos arrebatos alcistas que le hacen recuperar terreno, perdido nítidamente antes. Lo de nítido vaya por el desarrollo, el proceso de las bajas respecto de las alzas. Las primeras se van engarzando de modo claro, con asociaciones de volumen que crece -con precios que bajan- y donde los rebotes temporales carecen de sustento (esto, el volumen no convalida la mejoría, contrayendo en lugar de expandir).
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Y, generalmente, las motivaciones están flotando o bien a la vista, y se puede relacionar la depresión de indicadores con sucesos del contexto. En cambio, los aumentos recuperatorios dan la impresión de venir de la nada o colgados de argumentaciones tan sutiles como -muchas veces- ambiguas. Una respuesta estaría dada en que se trata de un mercado, que se ha ido cerrando sobre sí mismo de tal forma que se puede llegar a fijar algún tipo de banda de flotación, un tope puesto voluntariamente y donde las grandes carteras realizan el recorrido de ida y vuelta -como un subte- por ser las únicas que tienen los «momentos» en su poder. Esto funcionaría como: vamos hacia arriba y cuando se produzca una diferencia interesante saldremos a tomar utilidades y dejando que la plaza -sin fondo- derrape hasta cierto valle que no se torne peligroso en exceso, y no genere pánicos.
Una suerte de miniciclo natural, donde se comprimen notablemente los tiempos. Como cuando se realizan modelos a escala y se fabrican automóviles, idénticos a los naturales, pero en escala 1:100. En el caso que intentamos ilustrar, resultaría que el ciclo de la acumulación, el crecimiento, la madurez y la dispersión, que responde a períodos prolongados, se pudieran instrumentar como para generarlos en semanas. Quizás en un mercado tan atacado por tantos males económicos a través de su historial, sin mencionar los males políticos se han debido desarrollar verdaderos anticuerpos defensivos y que le han permitido seguir existiendo a pesar de todo. Uno de ellos es acomodarse a actuar en un escenario donde el crédito aparece con escrúpulos, mínimamente, las colocaciones de renta fija no consiguen llevarse a más de unos meses de plazo (aunque se coloquen incentivos, como el CER) y con operadores que cumplen con estar mirando con un ojo los precios y con el otro, la salida. En los primeros días de mayo, partiendo del viernes 29 de abril, se enhebraron varias ruedas alcistas que transportaron al Merval desde casi perforar los 1.300 puntos, hasta más de los 1.400.Y lo más curioso es que fue todo como en una nube, casi como si se hubiera dado la orden de frenar la baja, cambiar de dirección. Casi tan disciplinado como trabaja una comunidad de abejas.
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