Ciertamente que no pueden encontrarse opiniones que coincidan acerca de la orientación de fondo que se lleva en la economía. Hecho que se reproduce cuando hay que tratar de buscar coincidencias netas en lo que hace a determinar la tendencia que se lleva en el mercado. Una de las escasas figuras coherentes que se pueden seguir hallando, mientras el contexto prosigue mostrando un estado de ebulliciones permanentes -en casi todos los frentes- y una división y fractura extendida que arranca en lo político, se extiende ya a lo sindical, hasta descender al llano de lo social. Cada quien solicita lo que considera que es justo o que se merece, otros actúan por simple imitación. Muchos consiguen los objetivos, hecho que tienta a que más y más se vayan enlistando. Hasta surgieron amenazas directas de toma de empresas, en una «remake» de décadas lejanas, que contempla la participación de los mismos actores.
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Todo esto, apenas terminado mayo, viene a cuenta de lo que habrá de soportarse a medida que se acerque octubre. Y con todo caldeado en el país a raíz de elecciones parciales, a las que se las convirtió -por voluntad presidencial- en plebiscito insólito. El que logra, a punta de machete, abrirse paso intelectual en la selva de controversias, que se anudan y anulan los senderos (mejor no utilizar la palabra piquetes) es el que está pudiendo extraer diferencias favorables en ciertos activos, incluidas las acciones. Quien haya tomado la mano a los miniciclos que se encienden y se apagan cada tantos días, o resistido ampliaciones y contracciones de negocios sin mayores explicaciones racionales, no solamente es un operador triunfante, es un héroe. Para los demás, los comunes, queda nada más que el ganar y perder alternativamente, procurando que las ganancias puedan estar siempre un poco más arriba. Y todavía no hemos llegado al peor ambiente del año, cuya cumbre parece estar en el mismo octubre, donde puede ser que la tónica del mercado sea capaz de cambiar por horas. Un año que se va pasando de largo para resolver los verdaderos problemas de fondo, desaprovechando saldos económicos que siguen rindiendo tributo dentro de lo que es una fase favorable del ciclo afortunado que el país ha encontrado. Más por variables que son ingobernables que por algún tipo de estrategia exitosa. Sólo pensar en que las condiciones puedan darse vuelta da para temblar. Porque si como están ahora las cuentas existe semejante división generalizada, de llegar a enfrentar un tiempo de escasez, es de temer cómo derivarían las cosas. Con un índice inflacionario que pareció venir más pesado de lo que presumían, sin todavía cargar con lo que pase a costos -salarios, tarifas-, otro sueño de la inflación con manija, controlada a voluntad, vuelve a clavar banderillas. No parece preocuparles. Informate más
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