27 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Se cortó la seguidilla de volúmenes superando los $ 100 millones, un rasgo que parecía querer convertirse en hábito y que acompañaba un día a la semana: para proveer de un brillo que el conjunto no podía ofrecer en demasía. A cambio, se vio el capítulo más apagado de septiembre, con los negocios insistiendo en marcas que estaban mucho más cercanas a lo más humilde de estos tiempos accionarios, que a esos niveles que aportaba «el fantasma» que llegaba y hacía cambiar de marcha a los operadores. Enfrentando las últimas fechas del mes, un tema a comprobar es de qué modo empalma lo de ahora con lo previo: y si puede perfilarse, o no, lo que resulte un quedarse del mercado en esa zona que amaga con ir a los 1.700 puntos, pero que solamente empuja fuerte en ciertos momentos de las ruedas y, después, no resiste el acometer de las ventas. De todos modos, es una actitud prudente la de no acceder a niveles más altos, sin poder contar con el debido respaldo asegurado. Está claro que la oferta no se borra de la plaza, salvo cuando tiende alguna celada y deja que el entusiasmo lleve los precios más arriba, para después salir a realizar la cosecha y empujarlos sin miramientos hacia atrás.

Conviene lo que se ha visto, ese tantear mayores alturas, dejando después que se produzca el derrape a la zona anterior. El modo de ir comprobando dónde está el piso bien asentado, sin riesgos a caer en grietas que produzcan sustos mayúsculos.




Existe la posibilidad de que los «análisis fundamentales» que se realizan de continuo, puedan indicar una cierta madurez en varias plazas clave. De ser así, solamente un período de decantación es lo que puede esperarse, hasta que se produzca un recambio de manos y la suba de los pisos de esas especies. También en tal caso, si es así, resulta una actitud prudente, aconsejable, siguiendo los postulados del inversor inteligente.

Cuando días atrás, hablábamos de lo que se da como una suerte de «derecho adquirido» el terreno ganado por la cartera, esto es una tentación que hace olvidar los peligros. Todo, en Bolsa, está en permanente flotación, y el viejo latiguillo de la «baranda», en las épocas buenas -«estos precios no se verán más...»- se dio contra la pared infinidad de veces. Y a medida que se acerca el mes de las elecciones, estas ruedas pesadas de finales de septiembre han dejado ciertas dudas razonables sobre el abastecimiento de nuevas órdenes de demanda en cantidad. No solamente porque no estuvieron los días de tres dígitos de volumen, sino porque la plaza se encogió a la zona de mínima actividad. El período de remate tendrá que indicar si esa tónica al achique se hace más notoria, con lo que se podría inaugurar -también- un terreno de incertidumbre respecto de lo electoral: antes que la efusividad de que venía precedida. Fechas para observar detenidamente, desde aquí.
 

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