6 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Mañana, 7 de diciembre, se conmemora un nuevo aniversario del Día del Agente de Bolsa. Fecha que trasciende lo institucional y se refiere al aspecto humano de la actividad bursátil, la figura que es hacedora de toda la realización irreemplazable, para dar vida a una Bolsa. Y si es que el mercado bursátil surge de manera indiscutible como la mayor aproximación a un sistema de «competencia perfecta» (que, como tal, no existe) parte de la condición de establecer esa reunión de oferta y demanda de modo público, en un lugar prefijado, en tiempo real. Nada hay en el mundo de los mercados que pueda asemejarse a tal característica. Y ella está sustentada en el interés de los inversores por participar y en la de los agentes de Bolsa uniendo las puntas, formalizando las operaciones y otorgando dinámica permanente al circuito. Pero no solamente la intermediación hace a la labor del profesional bursátil, sino que el aspecto del asesoramiento -imprescindible para inversores novicios, valioso para el avezado, que puede consultar a quienes están en la caldera de la realización- es tarea tanto, o más, beneficiosa que la del simple ejecutor de órdenes.

El Día del Agente de Bolsa fue fijado en coincidencia con las primeras anotaciones oficiales, que se realizarán en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Entidad que posee acta fundacional del 10 de julio de 1854, pero que por diversos problemas de forma, recién comenzó a operar efectivamente en los inicios de diciembre de ese año. (En verdad, las raíces de los agentes de Bolsa se remontan a muchos años antes en nuestro medio. Desde que se creó la prontamente diluida Bolsa Mercantil de 1821 y a instancias de Bernardino Rivadavia. Todavía no estaba el terreno apropiado para que pudiera prender la idea bursátil en la Argentina, pero del intento quedaron registrados los cuatro primeros «corredores» -tal se los llamaba- y que, hasta la fundación de la Bolsa de Comercio, tres décadas después, supieron mantener la llama encendida).

 
Al tomar la fecha del 7 de diciembre, se consagró el inicio operativo de una institución que habría de perdurar y donde ya se formó una Cámara de Interior, predecesora de la actual Cámara de Agentes y Sociedades de Bolsa, que agrupa a los profesionales desde 1878. Precisamente, como todos los años, la encargada de recordar a todos el Día del Agente de Bolsa y organizar dos actos tradicionales, en sobrio festejo. En el día de mañana, a las 10, en la Basílica de la Merced, se llevará a cabo una misa de «acción de gracias» y en memoria de los asociados fallecidos. Por la noche, en la nave del viejo recinto de la Bolsa, se llevará adelante una cena para todos los socios de la Cámara y autoridades del sistema bursátil.

En tiempos donde la tecnología amenaza arrollarlo todo, este recordatorio es apropiado: para mantener en alto el tradicional espíritu de un mercado que se forjó, y perduró, desde sus
bases humanas.

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