El grado de imprevisión de los gobernantes, respecto de que una zona inflacionaria pudiera reaparecer en corto plazo, queda patentizada con todas las emisiones de bonos ligados a esa variable de ajuste. Y que ahora les hace de contrapeso a la satisfacción por recaudar más, debido al mismo factor revulsivo. Obviamente que, en el platillo de la balanza -en las primeras planas de los medios-, resalta mucho más aquello que es «caja» mensual, la recaudación, antes que lo que está en un paquete de deuda. Por otra parte, siempre está el recurso de pensar que aquel a quien le toque gobernar después que se las arregle, con esos bonos...
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Por ahora, son unos cinco mil millones de dólares que se agregan a la deuda. Solamente por conducto de los que -seguramente imaginaron que mantener una equivalencia de «3 a 1» con el dólar, era similar a la del «1 a 1». Y habrán creído que inventaron la fórmula de la eterna felicidad, exportando en dólares a tres por uno, mordiendo con retenciones cada vez mayores, mientras los costos internos se mantuvieran como en el uno a uno. Ahora, es como que no se soporta que la inflación haya resurgido, se niega que ciertos componentes -como salarios y circulante- resulten inflacionarios, se pretende arreglarlo corriendo gente con el látigo. Cualquier insumo relacionado con el dólar tendió a moverse, así como la exportación se movió cobrando en dólares y haciendo fantástico negocio. Y el principio del «bien sustituto» también ha comenzado a notarse, manteniendo posiciones dentro de los «precios relativos» de la economía. Si la carne sube mucho, el consumidor se pasa al pollo, al pescado, genera tironeos de demanda que supera toda oferta normal. Y el reacomodamiento se producirá pasado cierto lapso. Por momentos, da la sensación de estar embarcados en una improvisación permanente, corriendo detrás de los efectos y tratando de apagar incendios que los mismos que ofician de bomberos han producido con sus torpezas. En las acusaciones a sectores empresariales siempre se enarbolan los aumentos, nunca se detallan si hay razones justificadas -como el aumento de insumos, de salarios, de energía para ello. Y los empresarios terminan por agachar la cabeza, emplean la estrategia de no irritar al que tiene el látigo en la mano, sin defenderse nunca de manera apropiada. Se está formando un circuito cerrado de preocupantes consecuencias, porque en los balances de las más transparentes -las que los muestran en Bolsa- son ya muchos los casos donde los márgenes se van yendo por la rejilla, acosados por los costos que suben. «El peor crimen contra la clase trabajadora es que las empresas no obtengan ganancias...», un genial modo de sintetizarlo y que los Moyano y Cía. lo quieran interpretar al revés. Panorama que va camino a ingresar en un túnel, derecho... Informate más
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