19 de diciembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

... Y el mercado -en un diciembre que suele ser afortunadopudo encontrar otra saliente de donde asirse y procurar un salto que se le venía negando de modo consecutivo. La rueda del jueves pasado venía como lo anterior de la semana, abúlica, aplastados sus operadores, pretendiendo a lo sumo mover al índice levemente y amparada por una cuota de negocios que ya asemejaba a alguna dieta especial. Pero sobre la hora final llegó la novedad del llamado presidencial a Casa de Gobierno y, de inmediato, todos cayeron en la cuenta de qué se trataba. Difícil que en esta ocasión se utilizara la reunión en público para volver a amonestar a ciertos sectores o vapulear militares (de los que se había encargado Garré).

La especie que surcó el ambiente igual venía un tanto alocada, como pretender que el país se desafiliaría de lo que viene a ser la FIFA de las naciones. Versión que llevaba a imaginar una jugada demasiado fuerte, aun para un gobierno como el actual.

Encaminadas las filtraciones correctamente, sabiendo de la cita para anunciar cancelación de deudas con el FMI, resurgió la figura de semanas atrás y cuando se vivió una rueda eufórica que duró solamente un día (cuando los $ 130 millones, ante el anuncio de dispersión de créditos). Esta vez podía llamar la atención que el volumen no alcanzará el vigor de aquello; pero esto se armó en una hora escasa y lo otro venía desde información previa a la rueda.

(La vez anterior una frustración, para pensarla como fecha que podía resultar « bisagra» y pasar a otra fase). Lo de ahora aparecía justo a mitad de mes, dando otra ocasión para colocarle una bisagra al índice y realzar el remate del ejercicio. Ciertamente, el resultado quedó módico en precios -sólo 2%- a pesar de que se produjo un incremento fulminante de órdenes en escaso lapso. Y que se podía descontar que el horario impidió ver hasta dónde llegaba el impulso comprador y la retención vendedora. Quedó en la hipótesis de las ruedas que nunca fueron, en el haber de lo que pudo ser y no fue, pero todo análisis más o menos sensato, creemos que coincidirá en lo que decimos: el reloj cortó algo muy superior a lo visto finalmente.

Sabemos de lo precario de los impulsos iniciales, frente a una novedad de alto impacto. Y sabemos que se deben dejar decantar las ruedas para ver hasta dónde la incidencia fue profunda o solamente el alimento para algunas diferencias cortas. Entre los comentarios eufóricos -y desestimando los que caían desde la pantalla del televisor, como pétaloshallamos algunas reflexiones interesantes, de personas que opinan sin alta temperatura. Alguien nos dijo: «Está muy bien esto. Por lo menos ahora se termina la excusa del FMI para culparlo de todo...».Y un segundo, bien metafórico y gráfico, reseñó: «Es como alegrarse de no ver más al médico».
Se verá.

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