Que febrero no es enero, para el correr de nuestro mercado, lo dice más la estadística que el calendario. Y si se inició el segundo mes en aguas turbulentas, la aparición de rueda como el lunes parece tender el puente que procura hacer el empalme de ruta exitosa. Sin embargo, cuando las condiciones primeras no están alineadas debidamente, puede suceder lo del martes, donde se corrige la dirección de los precios virando sobre los talones. No tan inesperado para aquellos que, como nosotros, portamos entre tanta escuela moderna algunas de las más simples -y antiguas, no viejas- reglas del mercado: volumen y precios deben ir en la misma dirección. Si el primero se contrae, le está faltando aval al segundo elemento. Lo que no es impedimento para que el aval surja en la siguiente rueda, tratándose de un rebote que tome cuerpo enseguida. Pero buena parte de las veces se confirma lo contrario. Y en cuanto la oferta se hace más generosa, la carencia de sustento toma al índice de precios como variable de ajuste.
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De todas formas, la cuestión no es tan lineal como lo era antes de la informática y la globalización a pleno. La absoluta interdependencia de los mercados y el modo en que se contagian unos con otros, en ambas direcciones, trajo consigo ese lunes de buen nivel para todos. Y un martes donde las bajas también atacaron al conjunto de referentes de nuestra región. El asunto es que con tanta facilidad se está perdiendo el piso de los 1.700 puntos, como tan velozmente se lo ha podido recuperar. Existe un ímpetu desmedido en algunas ruedas y que es capaz de durar solamente por ese día, quedando siempre la pregunta colgando del aire: acerca del porqué lo muy firme de un lunes se desploma un martes. Y hasta tan impredecible de un movimiento, no hay regla que aguante. Porque tampoco la razón pura lo alcanza. Solamente cabe acomodarse a tal realidad, que se cubre con el paraguas oportuno que todos tienen para explicar: volatilidad.
De mínima, y esto surgía del pasado de década y media, enero suele presentarse bien favorable y febrero es un mes más trabajoso. Acaso, porque al venir de un exitoso, y bien suculento, mes anterior ya le queda una responsabilidad difícil: de tratar de mejorar lo que ha sido casi inmejorable. Hasta el martes, iban muy pocas ruedas de febrero, pero de cinco realizadas el Merval bajó en tres y con porcentuales de nota -dos de ellas con más de 2,5% de caída y una con 1,7%-, mientras que los signos positivos fueron uno muy leve, 0,2% del viernes pasado, y esa salida franca al repunte del lunes, con 1,3%. Cuando se bajó, se lo hizo con sumas cercanas a los $ 100 millones -dos veces- y, cuando se repuntó, apenas la mitad. Una zona peliaguda.
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