3 de abril 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Curiosa secuencia de titulares, todos con el mismo motivo, aunque con distintas áreas y personajes. Cuesta hallar el perfil de un país al que muchos quieren ver «recuperado» y siendo atracción para inversiones, cuando la ciudadanía -y el exterior- deben anoticiarse acerca de que «echaron a 119 oficiales de la Bonaerense». El mismo día, «denuncias y despidos por la tragedia de Caballito». Unas horas antes, « renuncia del titular del Nación». Y, tras cierta batería de nombres que se hicieran trascender oportunamente, como dando la sensación de que eran varios candidatos para el cargo, se descolgó la novedad menos imprevista: una representante santacruceña -a la que se apuntaba como «la amiga de Cristina»- tomando el sitial del más importante banco del país.

Nadie puede entender cómo es que se habla de «purgas» policiales, afirmando que la institución quedó limpia, para después encontrarnos de nuevo con la misma versión. Y ahora, casi la creencia de que en cada siniestro que se produzca en la Capital habrá un funcionario de alto rango, actuando de fusible inmediato. Para matizar todo esto, otra vuelta al escarnio del pasado -selectivo- realizando un acto en el propio Ministerio de Economía: «para repudiar el plan económico de Martínez de Hoz...». Y ya que estaban, extender el repudio a Cavallo, la convertibilidad, en una «melange» que culminó por rematarse con «estas políticas llevaron al país al infierno...».

Todo bien mezclado, para servir a asistentes junto con alguna copa fría. Lo que alarma es de qué modo se falsean las cuestiones, sin siquiera asignarse algún mínimo mérito a planes que sí salían a apagar verdaderos incendios, e infiernos económicos. Material que puede confundir a jóvenes que no vivieron esas etapas, pero que sueñan a un cambio grotesco de la verdadera historia, entre aquellos que la pudieron observar directamente. (Una de las escasas ventajas, que aporta el ingresar a cierto segmento de la vida: no consumir lo que no fue cierto.)

Todas las semanas se agrupan novedades, hechos, en todas direcciones, que son para preocupar mucho.

Porque se dan en lo que se interpreta como una bonanza del ciclo económico: lo que permite imaginar, con espanto, qué batería de bellezas oficiales se puede llegar a producir, si el ciclo ingresa a una fase opuesta.

Lo mejor será zambullirnos en aguas más claras, como las que potabiliza el fiel sistema Bolsa. Donde las falacias se autodestruyen, con la vara de un mercado que dispensa premios y castigos, sin tener que modificar sus leyes básicas. Y un mercado local que consiguió en el primer trimestre dispersar el mejor saldo de la región, aun dentro de la precariedad de medios permanentes con que cuenta.

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