24 de noviembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos vienen persiguiendo -en realidad, tenemos añejo apego por tal tipo de esencias- las definiciones que sin estar expresadas para lo bursátil se ajustan a nuestra inversión con toda propiedad. Detrás de aquel pensamiento y advertencia que nos legó J. Paul Getty, sobrevino la noticia del fallecimiento de un gran director de cine -Robert Altman- que, entre tantas otras, marcará a fuego con su genial «MASH» (con envoltura de comedia, pero durísima expresión de las miserias de la guerra). Quedó como una especie de director «de culto», alejado de la lucha simple por la taquilla, y él ejemplificaba esto con una deliciosa comparación: «En la gran tienda que es Hollywood, ellos venden zapatos y yo hago guantes...». Apenas cambiando el lugar geográfico, suplantando a Hollywood por Bolsa, la incorporamos perfectamente para definir a los distintos tipos de operadores y de inversores. Al modo de intervenir y tratar con el mercado, donde muchos -ciertamente- compran y venden «zapatos», mientras otros los menos buscan carteras y posiciones con la suavidad de los «guantes».

La diferencia entre los que groseramente pretenden llevarse por delante a la Bolsa y los que pacientemente la van rodeando por la cintura y esperando que -a su debido tiempo- ésta se los devuelva con una caricia. Entre los primeros están los ansiosos, vueltos intolerantes y agresivos cuando el mercado no realiza lo que ellos, forzadamente, pretendían y terminan descargando sus equivocaciones en los demás. En las empresas, en los agentes bursátiles, hasta en cualquier tercero a quien sindican como haberlos aconsejado mal.  


Zapatos & guantes, una bellísima división entre quienes conforman un mercado y se mezclan en el ir y venir de la compraventa. Los que compran «zapatos» caros y, después, envueltos en su nerviosismo, terminan por venderlos baratos. Y los que toman posiciones un lunes, pero la cambian ante dos días de baja, viendo cómo aquellas suben y las nuevas se deprecian. Y los que buscan «guantes» entre tanto «zapato» para cierto lapso y seleccionando por cualidades de la acción y no haciendo una religión de la simple liquidez. En definitiva, y bajo otras denominaciones de la semántica bursátil, todos conocemos el perfil de los «zapateros» y el de los coleccionistas de «guantes». Pero, la metáfora de Robert Altman realiza una exquisita transformación y hasta convierte en mucho más cruda y contundente la diferencia entre ellos. Que también cabe a los profesionales de la operatoria y -ahora casi extinguido- donde en las plazas que se hacían se distinguían los que parecían transar con «zapatos» y los otros -artistas del mercadeo- calzar operaciones... como si fueran a probarse «guantes». Gracias Altman. Por tu cine. Y por esto que nos dejaste, para lo nuestro.

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