Mientras puede que sigan pendiendo sobre la cúpula bursátil, y los ánimos, las versiones sobre lo impositivo que envolverá al «sector financiero», en el otro platillo hubo ciertas novedades acerca de lo que podría resultar quizá la mejor chance para poder revertir el pálido andar del Merval. Justamente, cuando días antes habíamos vuelto a tocar el asunto del «ajuste por inflación» y la actitud desorganizada, temerosa, que parecen tener las entidades empresarias para reclamarlo firme, apareció una nota en el diario «La Nación» -del pasado viernes-en la que se daba buen espacio, detallado resumen, de cómo se viene cocinando el tema en esferas que tienen poder de decisión.
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En lo allí expuesto, se menciona una acción legal que había iniciado una empresa Candy SA -nada que ver con las que son cotizantes-y que había obtenido fallos en primera y segunda instancia en juzgados habituales. Tales fallos tenían un lógico fundamento, como la ley que había anulado los «ajustes» y que se había votado en tiempo de estabilidad y convertibilidad, al reaparecer los males -ninguna de las condiciones existe ya-, se daba razón a la empresa que había litigado al respecto. Esto llevaba a que se pudiera volver al régimen anterior, pero en el camino se interpuso el procurador general de la Nación y considerando que lo expuesto no tenía motivos para prosperar por ese curso. Lo que podría resultar un dictamen lapidario, sin embargo, dejó una puerta abierta. Y es que el mismo funcionario -Esteban Righi-considera que las empresas deben dejar una senda y tomar por otra. Esto es, que las empresas que puedan demostrar que aplicarles el impuesto -sin ajustes-les absorbe más de 33 por ciento de la utilidad: podrían reclamar con éxito al considerarlo «confiscatorio». El tema, así, es evidente que se retorna sobre sí mismo y que todo seguirá dilatando, pero... es una punta.
Lo que creemos advertir, sin tener los debidos conocimientos sobre cuestiones legales o fiscales, es que si se toma por este camino aconsejado, podrían darse condiciones de inequidad entre las diversas firmas -aun del mismo sector, competidoras-porque como no se habla de derogar, o dejar seguir, una norma general que se aplique masivamente, puede que una demuestre lo necesario para que le den el «ajuste», y otras, quizá por poco, se queden afuera y otorgando ventajas competitivas indeseadas.
De todas formas, si es que las entidades empresarias -como un frente común-no van en procura de lograr esto, todo aquello que sea individual carecerá de fuerza necesaria para que se lo mire seriamente. Una gran chance que se pierde, empresas y mercado, como para conseguir oxígeno unas y revertir tendencia el otro. (Ahora, si todos hacen como Coto...).