13 de julio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Las idas y venidas sobre el tema, perfectamente subrayadas desde los altibajos en el Dow y su onda expansiva a los demás, las pálidas referencias concretas que se desprenden de la Reserva Federal, ya forman parte de una suerte de explosivo encubierto, que está rodando debajo del piso de los mercados de riesgo. Nos referimos, claro está, a toda la «bola de nieve» que se fue nutriendo del ciclo inmobiliario, disparado en la economía norteamericana. La exposición excesiva de sus bancos inmersos en los préstamos que -como las golondrinas de Bécquer-acaso ya no volverán a sus arcas.

Todos los dichos del señor Bernanke han ido tomando un sesgo cada vez mayor hacia el plano de lo poético y esto permite que queden muchos espacios, en los párrafos donde se refiere a temas como éste, o el de tasas y peligros inflacionarios. Espacios que de inmediato son cubiertos, veloces como el rayo, por los «muchachos» que manejan los activos y las carteras y tienen a disposición dar interpretación a esos mensajes: llenar los huecos y enhebrar hipótesis acerca de lo que se dijo, sin que ninguna pueda ser totalmente desestimada. Algo así como en la visita reciente de Kirchner a la Bolsa de Comercio y que dejó una aseveración: «El mercado es insustituible...». Suena redonda y cae muy bien, en un recinto poblado de operadores y empresarios.

A continuación se perciben espacios a cubrir: porque ¿a qué tipo de mercado se refiere? Si es uno libre y sujeto a sus propias leyes. O si es uno sometido a todo tipo de controles y hasta dictando ciertos enunciados exóticos, como el de autorizar «ganancias razonables» (sin saberse cuál es el aparato de medición que pueda establecer una escala y, mucho menos, de orden universal en todos los rubros de la economía). Esto es lo que manifestó, perplejo, el titular del Santander en reciente asamblea del banco, en España, al decir: «¿Cuando ganemos 20% nos van a meter la mano en el bolsillo?».

Es allí donde la impresión varía hacia que el mercado no es tan insustituible. Cuando se le comienzan a colgar los «opcionales» de cada mente oficial ingeniosa, se puede ir sustituyendo por un sistema análogo. Simple imitación del original, pero cercenado en lo principal. Pero el concepto se completó de inmediato, cuando el Presidente agregó que era insustituible «para crecer».

Y de inmediato que «el Estado es insustituible cuando se trata de lograr el desarrollo integral de un país». Y vuelven a quedar huecos, para que se llenen a gusto del interesado. No llega a ser tan «poético» como el señor de la Reserva Federal, ni determinante para los mercados -como sí lo es Bernanke-por lo que habrá que seguir esperando poemas, y las debidas traducciones de la industria de las «recomendaciones».

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