17 de julio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

En gran parte, de su más de siglo y medio de historial, lo que en la Bolsa de Comercio se ofrecía como menú principal -y único-a la inversión era: títulos públicos, herederos de la cotización de «onzas» de sus comienzos, y los papeles privados, acciones. Hoy, la variedad de instrumentos es cada vez más amplia y tomando todo el arco posible de las apetencias del inversor, en lo que hace a una curva de riesgo preferida. Tanto lo que puede resultar una simple colocación de dinero, en renta fija, como las «cauciones» o los «cheques diferidos», pasando por «fideicomisos» y «ON», hasta la extensa gama de « bonos» con todo tipo de condición, más los derivados, opciones y hasta la posibilidad de comprar «índices». Por lo que se constituye en una vidriera muy surtida en alternativas de inversión, que rodean a las tradicionales « acciones» de sociedades privadas. Se ha dado cabida a la franja de las pymes, al cumplirse el 153° aniversario, se habló con entusiasmo de otra iniciativa.

Es la que se vuelca de lleno a la franja del pequeño inversor, un segmento que -lamentablemente-se fue perdiendo casi por completo, en el correr de las décadas últimas. Pequeñas sumas, que parten de hasta $ 2.000 o $ 3.000, podrían acceder al sistema bursátil a través de un mecanismo que se está utilizando, con éxito, en Brasil y también en España. Se tiene mucha fe en que esto habrá de resultar un atractivo que seduzca a la franja popular, al poseer un aditamento estimulante: que estando en papeles de riesgo -como accionesel mismo resulte eliminado hasta el punto de si no se puede ganar -por avatares de la tendenciatampoco se pierde, por obra del esquema empleado. Todo lo descripto nos conduce a dos realidades: A) que la Bolsa de Comercio y las entidades vinculadas salen a competir y a darle una fuerza renovada al sector, donde no faltará la difusión amplia y el «marketing» necesario. B) Que mientras esto se intenta, desde las áreas oficiales nada aparece que pueda resultar de franco apoyo, para revitalizar un mercado al que todos dicen apreciar y desearle que sea fuente de provisión de capitales para las empresas.  

El presidente de la Nación asistió, por quinta vez consecutiva, a los festejos por el aniversario de la Bolsa. Y así como vino, se fue.

Agradeciendo apoyos, realizando balance de su gestión, inclusive ponderando al mercado y su importancia para la economía del país. Pero, en cinco años de presencia: nada que pudiera resultar aunque fuera una mínima medida oficial, que hiciera verdad lo que se dice en los discursos. En una época donde la palabra «subsidio» se ha hecho tan vasta, como cuantiosa en el gasto, el sistema bursátil no requiere -ni precisa-de ello. Pero sí de ciertos estímulos que ayuden a distinguirlo de lo «cerrado». Y no hay nada.

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