19 de julio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Se va, de modo poco ortodoxo, quien ocupa la cartera de Economía y la respuesta es: indiferencia. Diversos medios se encargaron de remarcar este aspecto, viéndose en los noticiarios televisivos que pasaban imágenes de los paneles bursátiles locales apoyando el concepto. Lo que no se puede saber es si el efecto producido es como para entusiasmarse, o la simple evidencia de que se está viviendo una época de dirigismo que se acentúa: y donde se diluyen los restos de independencia, tanto de poderes como de funciones en las distintas áreas. Solamente faltaba que, como se hizo con otras dependencias que mostraban turbulencias, se dijera que Economía pasaba a revistar directamente bajo las órdenes de De Vido. Aun para los que han dado varias muestras de torpezas y de desafíos a la opinión periodística -también a la pública-y que sin vergüenzas desestiman toda evidencia concreta, haciendo ostentación de que tienen el poder de condenar y absolver a voluntad, el haber producido una asimilación como la hipotética que mencionamos sería demasiado. La mediocridad y falta de independencia de quienes ocupan cargos tan altos acaso sea la muda respuesta que proporcionaron los termómetros de mercados. Y cuesta ponerse contentos frente a semejante respuesta, habida cuenta de haberse tratado de uno de los puntos clave en la estructura de un país.

El sainete se continuaba, entre el fiscal que acusa y los titulares de una financiera que se quitan «la bolsa» de encima: más bien, el «ladrillo» del Central. El pase a retiro forzado que ahora debe soportar la señora Miceli tal vez la ayude a que las cosas prosigan el camino habitual que suelen tomar... hasta diluirse. Menos mal que no era ministra de China, por ejemplo.

Pero no deberían asombrarsetanto los medios de información que resaltaron la falta de efectos producidos en la Bolsa. Los que la siguen de más cerca saben que la tendencia de nuestro mercado ya parece casi impermeable a todo. No la sacuden tampoco otros hechos que merecerían alterarla -y mucho más que la salida de una obediente funcionariay entre los que se encuentra la terrible habitualidad con que todos parecen ya reconocer y admitir que la inflación, las estadísticas del INDEC, se vulneren mes a mes. Hecho gravísimo para cualquier país normal, que genera toda una serie de alteraciones colaterales. Y hasta poder llegar a categoría de estafa: más allá de estafar a la ciudadanía, falseando la verdad, en la práctica es una segunda estafa mayúscula sobre bonistas con el CER (tras la primera del «canje»). Un mercado bursátil al que hay que tomarle el pulso cada tanto para ver si continúa vivo, con operadores que se han blindado a toda causa que tendría que dejar huella. Curiosa senda bursátil, como fiel al «no importa nada».

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