13 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

... Y llegó el momento de la partida. Finalmente, el lunes 11 de febrero quedó fijado en el panel líder el nombre de Acindar. Y unos guiones después. Una de las grandes líderes de nuestro mercado, desde la segunda mitad del siglo pasado, nos daba el adiós desde lo más alto de la nómina de los ahora «41» papeles que componen tal panel. Día histórico por eso, aunque el marco general resultó de un tedio insoportable, y por ver que la estadística de volumen bursátil de Buenos Aires dirá -con razón- que se hicieron $ 571 millones en efectivo para el segmento de Acciones (unos 180 millones de dólares).

Con semejante suma, los títulos privados cubrieron 47% de los números totales del día girados en el recinto. Después, aunque muchos medios no lo aclaren, quedó la realidad para el bolsista habitual: estar los $ 504 millones de Acindar y ver que fue una rueda rutinaria, de solamente $ 67 millones para todo el mercado. Y ya no repercutieron los dineros salidos de la siderúrgica, porque Acindar ya era pasado antes de irse formalmente. Quizás, haya que encontrarla alimentando el volumen de muchas ruedas recientes, desde que oficializó la oferta pública para su retiro. Y esta vez el tiempo jugó en favor de los que entregaron los títulos, porque con la tendencia que se vino dando en el precio de mercado, es fácil imaginar que Acindar hubiera seguido el curso y el derrape de todas, agravado -de última-por el suceso ocurrido sobre uno de sus hornos. Y por más que se pudiera explicar que eso no perjudicaría en demasía la producción, sabido que toda noticia adversa -de cualquier tenor- siempre juega de «desagio» sobre el precio del papel: en parte, por los veloces pícaros que acostumbran a agigantar los hechos, para poder comprar más barato.  


Y un Alberto Cortez bursátil bien podría decir que: «cuando una como Acindar se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otra acción...».

Como empresa, ya era otra Acindar (no importa si mejor, o peor, pero distinta). Y ya dejó de ser una acción dispersa en muchas manos minoritarias, de inversores comunes, de todas las dimensiones. Otro pedacito de la historia fundamental de nuestro mercado, se va con ella. No era difícil acertar que sería cuestión de tiempo, que cuando las sociedades van a manos foráneas, son escasas las que confirman su presencia en nuestros paneles.

Pecado de ser mercado chico, o bien de estar bajo la lupa trimestral de tanta gente. Y, muchas veces, soportando críticas inadecuadas, ante números que no responden a los deseos fervorosos del poseedor del papel. Sino a la realidad de lo que puede concretar una compañía en un escenario nada fácil, como el nuestro. Al menos, se merece en su despedida el recordatorio, en nombre de todos los que la tuvieron en cartera. Vale.

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