Por más que se lo quería maquillar y restarle dramatismo, al punto de que en los medios había perdido bastante vigencia el tema, cualquiera que tiene alguna experiencia en tendencias de mercados podía advertir que el andar del petróleo era claramente alcista. Y haciendo los clásicos «serruchos», tocando una cifra máxima y después retroceder en parte. Para volver al aumento y superar los máximos previos. Sin embargo, el desconcierto que causó el viernes el número al que se había llegado en el petróleo -y las declaraciones que llegaban de los operadores- impuso de que estaban todos con la guardia baja al respecto. Casi 17 dólares de suba, en un par de ruedas, resultó ciertamente una variable explosiva (y con esquirlas que volaron por todas partes). Pero mucho más cayó como una bomba que analistas de una casa como Morgan Stanley estuvieran prediciendo la marca de 150 dólares a un mes vista.
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No interesa tanto si llegará o no, en tal lapso, pero sirvió para aterrorizar y lo seguirá haciendo, a lo largo del mes. Aunque se vuelva a producir el retroceso, pocos serán los que crean en él, porque se estará imaginando que lo hará para tomar impulso y dar otra ráfaga letal: aunque ahora, ya no existirá la sorpresa...
Casi llegando a medio calendario, esto sucedido y que se seguirá viendo colocó otra «banderilla» en el lomo de los mercados. Y sobre la economía mundial, que ya se está agarrando la cabeza por los alimentos, será capaz de dispersar daño por doquier. Si debemos pensar en nuestro país, nadie se haga ilusiones con la opción de que nos quedemos al margen porque la nafta local esté maniatada, regulada, controlada, rigurosamente vigilada por nuestros cancerberos. Solamente pensar hasta dónde podrán volar los costos de los «fletes», sobre exportaciones de un país tan incómodamente ubicado en el mundo, pone los pelos de punta. Tanto para lo que tenga salida como aquello que deba ingresar del exterior. Y la inflación incorporada que lleva el precio del barril, realmente salvaje para los países que son dependientes en alta medida de tener que importar petróleo, está dando otro puntapié a los intentos porque se suavice la superficie de las finanzas y economías, que vienen de la crisis de estos meses pasados.
Nos fuimos el viernes con el traumatismo de la novedad del petróleo, bien patentizada en los índices de la mayoría, y hoy abrimos la semana esperando por lo que suceda con el paro agropecuario y la llegada y alguna solución racional. Ninguna de las variables que pesan como una espada sobre la cabeza del índice Merval resultan para confiarse. Y todo tiembla.
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