Depuran planes que subsidian desempleo
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«El gran desafío es reconstruir la cultura del trabajo y la producción para recuperar la autoestima», dijo Kirchner durante la presentación del plan que coordinará Daniel Arroyo, mano derecha de Alicia Kirchner. Y agregó: «No somos los peores del mundo, los más malos, los más corruptos, los más ladrones y los más sinvergüenzas. Hay millones y millones de argentinos decentes, honestos, estudiantes y trabajadores que quieren una Argentina diferente». Pero en torno a ese programa hay un rompecabezas que vale la pena reconstruir:
• Implica también una riña entre ministros. Por ahora, y durante «unos meses más», el Plan Jefas y Jefes seguirá bajo la órbita de Trabajo, donde manda Carlos Tomada. Pero Kirchner tiene decidido mudarlo a Desarrollo Social. Antes, para preservar a su hermana, quiere que Trabajo haga el trabajo sucio: depurar los subsidios mal otorgados, cuyo volumen no se puede dimensionar pero es importante.
• La derivación de subsidios de desempleo a programas productivos también afecta a jefes territoriales y piqueteros. En teoría, de esa forma, se acota el modelo clientelista -que usan con igual énfasis punteros políticos y jefes piqueteros-, lo que genera tensiones con ambos grupos porque perderán incidencia directa en la entrega de fondos.
Igualmente, sobre ese punto, Kirchner fue cuidadoso: «Hay que entender que puede haber corporaciones y clientelismo no sólo en algunos sectores de los estados nacional, provincial y municipal, sino también que puede haberlo en organizaciones con características sociales y pierden orientabilidad».
«Es muy difícil poner las manos en el fuego hoy y no quemarse en este proceso de recuperación», amplió el patagónico.
Traducción: no necesariamente, porque la ayuda social se derive, por ejemplo, a Cáritas, se garantizará la eficiencia y la transparencia. Pero sí surgirán tensiones con el poder político.
Cuando Carlos Menem, vía Eduardo Bauzá, cedió a la Iglesia el control de los planes sociales, los gobernadores enfurecieron porque les aparecieron competidores internos: los obispos. Ahora, ese temor volvió a instalarse ante la presunción de que se retome un esquema como aquél.
Aclaró también Kirchner que, de cualquier manera, no habrá una «recuperación milagrosa».
«Me gustaría poder decirles a los argentinos por un acto de voluntarismo que acá se terminó la pobreza, la marginalidad y la corrupción. Pero no vamos a salir del infierno al paraíso. Tendremos infierno y purgatorio, pasos que hay que dar en la recuperación argentina», se despidió.




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