24 de diciembre 2003 - 00:00

Depuran planes que subsidian desempleo

Néstor Kirchner avanzó ayer con su estrategia de «licuar» el Plan Jefas y Jefes de Hogar a través de la derivación de los subsidios a emprendimientos productivos, mecanismo que encauzará por medio del programa Manos a la Obra.

Como informó este diario en su edición del lunes, ese proceso apunta a «depurar» progresivamente el plan Jefes que actualmente cuenta con más de 1,8 millón de beneficiarios pero que, en los últimos cinco meses, redujo en 150 mil la cantidad de subsidios.

Como un ensayo, arrancó ayer con seis subsidios «no reintegrables» por 262 mil pesos, con puesta en escena en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, y con el Presidente y su hermana, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, como estrellas centrales.

También participaron, aunque en segundo plano, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el secretario legal y técnico, Carlos Zaninni.

«El gran desafío es reconstruir la cultura del trabajo y la producción para recuperar la autoestima»,
dijo Kirchner durante la presentación del plan que coordinará Daniel Arroyo, mano derecha de Alicia Kirchner. Y agregó: «No somos los peores del mundo, los más malos, los más corruptos, los más ladrones y los más sinvergüenzas. Hay millones y millones de argentinos decentes, honestos, estudiantes y trabajadores que quieren una Argentina diferente». Pero en torno a ese programa hay un rompecabezas que vale la pena reconstruir:

• El plan Manos a la Obra depende directamente de Alicia Kirchner, respetada en cuanto a políticas sociales pero también una experta, tras dos décadas de militancia política, en la construcción de poder. La ministra tiene buen vínculo con el grueso de los jefes piqueteros -aun los duros como Raúl Castells- y, desde ese lugar, es una actriz central en la relación gobierno-piqueteros.

• Aunque de manera todavía incipiente, es la Kirchner la figura justa para contrapesar a Chiche Duhalde, sobre todo en el conurbano, donde la ex primera dama registra todavía niveles altísimos de adhesión. La ministra suele visitar asociaciones comunitarias y sociales en distritos del Gran Buenos Aires sin avisar a los jefes locales, lo que disparó más de un reproche.

• Implica también una riña entre ministros. Por ahora, y durante «unos meses más», el Plan Jefas y Jefes seguirá bajo la órbita de Trabajo, donde manda
Carlos Tomada. Pero Kirchner tiene decidido mudarlo a Desarrollo Social. Antes, para preservar a su hermana, quiere que Trabajo haga el trabajo sucio: depurar los subsidios mal otorgados, cuyo volumen no se puede dimensionar pero es importante.

• La derivación de subsidios de desempleo a programas productivos también afecta a jefes territoriales y piqueteros. En teoría, de esa forma, se acota el modelo clientelista -que usan con igual énfasis punteros políticos y jefes piqueteros-, lo que genera tensiones con ambos grupos porque perderán incidencia directa en la entrega de fondos.

Igualmente, sobre ese punto, Kirchner fue cuidadoso:
«Hay que entender que puede haber corporaciones y clientelismo no sólo en algunos sectores de los estados nacional, provincial y municipal, sino también que puede haberlo en organizaciones con características sociales y pierden orientabilidad».

«Es muy difícil poner las manos en el fuego hoy y no quemarse en este proceso de recuperación», amplió el patagónico.

Traducción: no necesariamente, porque la ayuda social se derive, por ejemplo, a Cáritas, se garantizará la eficiencia y la transparencia. Pero sí surgirán tensiones con el poder político.

Cuando
Carlos Menem, vía Eduardo Bauzá, cedió a la Iglesia el control de los planes sociales, los gobernadores enfurecieron porque les aparecieron competidores internos: los obispos. Ahora, ese temor volvió a instalarse ante la presunción de que se retome un esquema como aquél.

Aclaró también Kirchner que, de cualquier manera, no habrá una «recuperación milagrosa».

«Me gustaría poder decirles a los argentinos por un acto de voluntarismo que acá se terminó la pobreza, la marginalidad y la corrupción. Pero no vamos a salir del infierno al paraíso. Tendremos infierno y purgatorio, pasos que hay que dar en la recuperación argentina»,
se despidió.

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