3 de enero 2002 - 00:00

Desafío para nuevo gobierno: evitar éxodo de automotrices

El fin del modelo que anunció el flamante presidente Eduardo Duhalde terminará también con uno de los logros de los últimos 10 años: la industria automotriz. Si bien el 1 a 1 les quitaba competitividad a las empresas radicadas en la Argentina, les otorgaba un marco de previsibilidad que hoy, con la inminencia de una devaluación, están a punto de perder. Además les mantenía una relación salarios-precios de vehículos que les permitía soñar con una recuperación de las ventas internas.

Con la alteración del tipo de cambio habrá dos consecuencias definitivas. Por un lado, los autos mantendrán su costo en dólares mientras que los ingresos del público serán en pesos. Esto significa, a los fines prácticos, que será menos accesible adquirir un vehículo. Si la devaluación es de 30%, para el que gana en pesos comprar un vehículo implicará un costo 30% mayor.

El otro efecto negativo es que con un costo mayor el mercado interno se reducirá. De las ya escasas 177.000 unidades que se vendieron en 2001, se pasará a un volumen de aproximadamente 120.000 unidades o aún menos para este año.

Con este panorama ya no será viable producir en la Argentina para las 10 terminales radicadas en el país
(ver aparte).

Futuro sombrío

Después de intentar destacar durante unos minutos los aspectos beneficiosos del nuevo escenario, el ejecutivo de una automotriz reconoció abiertamente el futuro sombrío: «Sí, es cierto, algunas automotrices se irán del país».

Con este panorama se deberá enfrentar el nuevo gobierno que deberá apelar a toda su imaginación para frenar el éxodo de empresas del sector.

Como dato positivo de una devaluación se podría argumentar que mejorarán las posibilidades de exportar. Este dato es real, pero la industria automotriz tiene características especiales.

La Argentina produce hoy, gracias a la inversión de la década pasada, modelos de última generación con niveles similares de calidad que el resto del mundo. Este es uno de los frutos de la globalización. Por ese motivo, los vehículos producidos en la Argentina podrían ser vendidos a cualquier país. Lo negativo es que todos los mercados están atravesando un proceso de desaceleración con menos demanda y capacidad ociosa en las fábricas.

En el mediano y largo plazo la situación no es mejor. Dada la renovación de modelos, la Argentina debería estar recibiendo ahora los proyectos de producción de los vehículos que van a suceder a los actuales para poder seguir teniendo un producto para ofrecer.
Con el mercado interno de 2001 y el previsto para este año, ninguna casa matriz destinará nueva producción en la Argentina después de haber perdido el sector más de u$s 2.000 millones en los últimos años. De hecho, algunos modelos que en teoría se iban a fabricar aquí (incluso con anuncios oficiales) fueron descartados por la situación económica. Con Brasil de vecino, con una economía que aún seguirá siendo más competitiva, con mercado interno muy superior, con plantas de todas las marcas instaladas y una política más previsible, la Argentina no tiene chance. Además, el socio del Mercosur monopoliza al sector autopartista, y hoy los autos producidos en la Argentina tienen más de 60 por ciento de piezas importadas.

Todo indica que, en caso de mantenerse esta situación, la salida de las empresas estará determinada por la antigüedad de los vehículos que produce. Las que tengan los modelos más pronto a renovarse serán las que más rápido puedan tomar una decisión aunque, en este caso, ninguna quiere ser la primera.

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