La Argentina y Brasil firmarán el 10 de marzo un Consenso de San Pablo, donde se consolidará la alianza comercial estratégica entre los dos países. Se insistirá, según fuentes de la Cancillería, en que ambos estados tendrán una posición común en las negociaciones por el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y en la Organización Mundial de Comercio (OMC), y se anunciarán tres obras de infraestructura clave para la integración económica. Pero no habrá ningún tipo de referencia sobre la posibilidad de que la Argentina y Brasil negocien en conjunto ante el Fondo Monetario o cualquier otro organismo financiero mundial.
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A lo único que se comprometerá el gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva es a no poner palos en la rueda cuando a Brasil le toque intervenir en los próximos días para que el directorio del FMI apruebe las metas del acuerdo con la Argentina y libere los 3.100 millones de dólares necesarios para cubrir vencimientos financieros. Fuera de esto, no habrá ningún tipo de alianza entre la Argentina y Brasil para discutir algún tema común ante el FMI.
Ayer se reconocía en gran parte de la delegación oficial que acompañó a Néstor Kirchner a Caracas, que la forma en que se presentaron las conclusiones del desayuno que mantuvo el presidente argentino con el jefe de Estado brasileño fueron algo sobreactuadas. De hecho se reconocía ayer que incluso en Brasil hubo un total desinterés en el encuentro y sus conclusiones; más allá de las anécdotas sobre el malhumor de Lula en el discurso de Hugo Chávez al inaugurar la reunión del G-15. Se reconocía fundamentalmente que el anuncio surgido de las filas argentinas sobre una posible alianza estratégica entre los dos gobiernos para discutir en bloque las condiciones de la deuda, podría provocar en cualquier momento una declaración desde el Ejecutivo brasileño desmintiendo esa realidad.
Sin embargo, todo esto no quiere decir que no haya reunión el 10 de marzo en San Pablo y que no se debatan otros temas más fáciles de ser negociados en conjunto. En concreto, habrá ese día un comunicado conjunto donde los dos países se comprometerán en proyectos importantes, pero concentrados en cuestiones comerciales y de infraestructura.
Sólo habrá en el futuro Consenso de San Pablo (el nombre es tentativo y como continuación Consenso de Buenos Aires firmado el 16 de octubre del año pasado entre Kirchner y Lula), algún tipo de mención de apoyo a la Argentina para que se le respete el esfuerzo fiscal realizado y un llamado «light» a que haya un entendimiento con los acreedores. Este tema ya había provocado problemas en Buenos Aires en octubre del año pasado, cuando la Argentina quería incluir algún párrafo en la declaración final del Consenso de Buenos Aires de condena al pago de la deuda cuando esto implique «sacrificios a las respectivas sociedades». El gobierno de Lula se negó a avalar ese párrafo que quisieron incorporar los negociadores argentinos, y finalmente la leyenda mutó a un tenue reclamo: «Expresamos que la administración de la deuda pública debe tener como horizonte la creación de riqueza y puestos de trabajo».
Hay dos capítulos centrales para la reunión de San Pablo: • ALCA y OMC. Se ratificará que en los dos frentes la Argentina y Brasil continuarán negociando como bloque, pidiendo en los dos casos la rebaja de los subsidios agrícolas, tanto para las exportaciones como para el mercado interno. Además se ratificará la pertenencia de los dos países al G-20. • Infraestructura. Se anunciarían tres obras públicas clave. Nuevamente se ratificará que con fondos del BID se avanzará en el corredor bioceánico (NOA-NEA, en la Argentina) y la Ruta 14. Además se anunciará la construcción del gasoducto Uruguayana-Porto Alegre.
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