Carlos Rodríguez: "La negociación de la deuda debe pasar al 2021"

Economía

El economista propone que el FMI aporte u$s10.000 M este año, y que junto a u$s4.000 M de las reservas del BCRA, Argentina evite el default.

Periodista: La primer pregunta puede sonar obvia; pero ¿qué tan grave es, o puede ser en términos económicos, lo que se está viviendo estos días en el país y el mundo?

Carlos Rodríguez: Muy, muy grave. Nosotros vamos a ser un reflejo de lo que está pasando ahora en el mundo. Estamos integrados a un mundo globalizado y, en ese ámbito, mandan las expectativas. Lo quiera uno o no. Y esas expectativas en Estados Unidos y el mundo tienen un efecto negativo fuertísimo. La actividad en el hemisferio norte está parada, y también se parará acá. No es que por las expectativas no hay inversión. Es que la gente no puede ir a trabajar, a consumir, a hacer mover la economía básica. Pensar entonces en inversión hoy es una utopía. Hasta que termine la cuarentena mundial no podemos pensar en inversión. No lo puede pensar el mundo, mucho menos nosotros. El principal problema hoy en el país es el rompimiento rápido de la cadena de pagos.

P.: Parece que ya comenzó. Y si es así, ¿que hay que hacer ante la urgencia?

C.R.: Está pasando ya. La solución entonces es emitir, no queda otra. Y rápido.

P.: Rara definición para un ortodoxo de ley como usted…

C.R.: Razonemos. Estamos al borde del default, sin cadena de pagos, una actividad cayéndose en picada y con la gente angustiada y con temor por su futuro económico. Lo que queda si no se hace nada es esperar que la policía ponga orden e impida los saqueos que vendrían. Jugar a ortodoxos en este momento, es medio tonto. Podríamos también tomar medidas paliativas urgentes para que los dólares que están en el colchón comiencen a circular. Pero la clave ahora es emitir para que los monotributistas, cuentapropistas y los trabajadores que viven de su sueldo o de lo que pueden ganar con su trabajo independiente tengan dinero rápidamente.

P.: ¿Cómo soluciona el problema emitir?

C.R.: Se mete plata a circular y eso hace mover la economía. Obviamente habrá inflación, pero el primer shock debe ser, sí o sí, poner plata en el bolsillo de los que más sufrieron este parate universal para que puedan salir adelante.

P.: ¿Cree que es el plan que está ejecutando Alberto Fernández en este momento?

C.R.: El plan del Presidente es parecido.

P.: Suena a un plan keynesiano…

C.R.: Obvio que lo es. La solución keynesiana fue diseñada para enfrentar la gran depresión de los años 30. Y en gran parte lo hizo con éxito. Ahora estamos ante un escenario igual o aún más grave que esa crisis, y se necesitan medidas similares urgentes.

P.: Para complicar el panorama, a la Argentina esta crisis la toma en medio de una negociación de la deuda. Tuvimos mala suerte…

C.R.: Esta gran crisis nos agarra mal parados en todos los sentidos de la palabra. Yo hablo hace décadas de la necesidad de un ajuste estructural del gasto público y de la política. Y ahora eso se transformó en una crisis de deuda de 4.500 puntos de PBI, con lo que técnicamente ya estaríamos en default. Pero ese nivel de riesgo país no es algo que nos debe ocupar en lo urgente, porque nadie nos va a prestar un peso. La preocupación ahora debe ser la cuarentena, que no nos permite ir a trabajar para poder producir, comprar o comer. El tema del default será muy importante, pero en el futuro.

P.: Sin embargo el riesgo del default es hoy ya que estamos en medio de una renegociación de deuda.

C.R.: Ahí está una de las claves de este momento. No debemos caer en default ahora. No hoy. No podemos tampoco hacer un ajuste estructural y bajar el déficit fiscal primario cuando necesitamos emitir. No es el momento oportuno. Sólo agravaría más la catástrofe. Lo que sí debemos es evitar el default.

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P.: ¿Cómo lo evitamos?

C.R.: Tenemos un ministro, Martín Guzmán, nombrado para este propósito. No para hacer el ajuste estructural sino para arreglar el tema de la deuda. Estábamos esperando su propuesta cuando el mundo se vino abajo. No es culpa ni de él ni de la Argentina. Cualquier oferta seria de renegociación de la deuda requiere que se incluya un plan de ajuste para que sea aceptable y sostenible en el tiempo. Y hoy es imposible. Y además no creíble. Cuando se va a una quiebra hay que presentar una propuesta de plan de pagos sustentable en un ajuste y un presupuesto. Hoy no tenemos presupuesto, y menos existirá en un país absolutamente parado. Insisto, no es culpa de Guzmán. Es el país el que está parado porque el planeta está parado. Hoy no estamos en condiciones de hacer una oferta razonable y mucho menos de encarar una negociación. No sabemos que podemos ofrecer.

P.: Sin embargo ahí están los acreedores. Hay quién dice que es el momento de aprovechar para hacer una oferta, ya que en medio de la crisis se aceptará cualquier propuesta…

C.R.: Al que piensa eso le diría que los que agarran cualquier cosa a cualquier precio son los fondos buitre. Los fondos de inversión se desprenderán de sus bonos y los comprarán los fondos buitre; y nosotros iremos a un problema trágico; pero no para ahora, sino desde 2021 cuando comiencen a hacernos juicios cuando la economía argentina esté en crecimiento.

P.: Entonces, ¿cómo podemos sostener la negociación de la deuda?

C.R.: Es que esa es la clave. No es el momento de negociar. El problema de la deuda no es tan grave. Hay que postergar la negociación, por lo menos un año, hasta que todo se aclare, acá y afuera. Hasta que todos podamos saber donde estamos parados.

P.: ¿Y que pasaría con los vencimientos de este año?

C.R.: Una parte está en pesos y otra en dólares; y nosotros no producimos dólares sino pesos. Imprimimos pesos. Esa parte de la deuda debe negociarse y reperfilarse. Hablemos de la deuda en dólares que es la que realmente duele. Un porcentaje altísimo está en poder del sector público. Otra parte, unos u$s72.000 millones, está contraída con organismos financieros internacionales. Esa se refinancia. Lo que queda es la deuda con el sector privado en dólares, que llega a un total de unos u$s90.000 millones, sumando colocaciones locales y en Nueva York. Entonces tenemos que de u$s310.000 millones pasamos a u$s90.000 millones. Esa es la deuda que hay que negociar.

P.: Incluye la deuda emitida en el país en dólares.

C.R.: Gente que sabe, como Daniel Marx, afirman que discriminar es una mala señal para el futuro. Y respeto esa opinión.

P.: ¿Cómo se negocia entonces?

C.R.: Miremos el problema inmediato. Los vencimientos para este año suman unos u$s14.000 millones. Esa es la plata que debemos pagar en 2020. Ese sería el dinero que necesitamos para no caer en default y poder negociar, mejor en 2021. Ese año serán u$s11.000 millones, y estaremos en una mejor posición.

P.: ¿Y de dónde puede obtener el país u$s 14.000 millones este año?

C.R.: Acá planteo una idea. Pareciera que el FMI quiere a Alberto Fernández. El Fondo dejó una cuota sin pagar por unos u$s5.000 millones a Macri, cuando en realidad habíamos cumplido las condiciones del acuerdo vigente. Además el Fondo ofreció al país unos u$s 5.000 millones disponibles por la crisis del coronavirus dentro de su plan de contingencia. La suma da 10.000 millones. No creo que haya problemas para que de las reservas se aporten otros u$s4.000 millones. Ahí está todo el dinero que se necesita. No caemos en default y en 2021 volvemos a sentarnos con mayor fortaleza.

P.: ¿Tendríamos una mayor deuda con el FMI?

C.R.: El Fondo es copartícipe de este desastre, y tan corresponsable como nosotros. Negociar unos u$s 10.000 millones extra en un plan de facilidades extendidas es casi una obligación para el FMI. Y una alternativa mucho mejor que ir a un juicio y pelear en tribunales internacionales durante años para luego tener que pagar u$s90.000 millones más intereses del 8%.

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