7 de enero 2002 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(La crisis argentina es, sin duda, uno de los temas que la comunidad económica mundial sigue paso a paso. Por eso. Gordon Gekko -el operador de la Bolsa de Nueva York que se identifica con el nombre del mítico personaje de la película «Wall Street» -no puede estar ajeno. Preocupa la situación económica del país. También preocupaba antes. Pero los saqueos a comercios y la violencia en las calles siguen estremeciendo a analistas, políticos y economistas. Claro que para destrabar un acuerdo con el FMI y el gobierno de EE.UU. hace falta, más que imágenes, un mínimo de estabilidad política.)

PERIODISTA: Esta vez no hablaremos de Wall Street. Ni del bautismo de fuego del euro en las calles de Europa. Prefiero consultarlo sobre la crisis de la Argentina. ¿Cuál es la impresión que reina entre los inversores internacionales?

Gordon Gekko
: Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Las imágenes de la crisis que se vieron en la televisión son difíciles de borrar.

P.: Son muy expresivas. Pero no alcanzan para entender la crisis.


G.G.:
Nadie tiene la pretensión de entender a la Argentina. Y, en los hechos, como la marcha de los mercados se ha desligado de lo que sucede en la Argentina hay más tolerancia con el error. Se sabía que era una situación política y social delicada pero no se creía en un polvorín que fuera a estallar. Fue como si estuviésemos ante otra Indonesia.

P.: Sin odios religiosos.

G.G.: Pero con una política muy turbulenta. Piense en los saqueos que aterrorizaron a la clase media hasta provocar la caída de De la Rúa y en su absoluta desaparición una vez que el poder cambió de signo.

P.: Se observa un viraje en la posición de la prensa internacional. De presionar en contra de la extensión de ayuda a la Argentina a una postura, otra vez, favorable luego de los últimos sucesos...


G.G.:
Se atacó al Fondo Monetario Internacional y al Tesoro de los Estados Unidos cuando se aprobó un paquete extraordinario de recursos para la Argentina en agosto. Y se hace lo mismo ahora por haber retaceado los desembolsos en diciembre. Es inevitable.

P.: Pero crece una tendencia a involucrar al FMI y al Tesoro como responsables, en parte, de la actual situación.


G.G.: La
Argentina fue víctima involuntaria de un cambio de guardia (y de discurso) simultáneo en ambas administraciones. Se quedó sin puntos de apoyo político. Se fueron los demócratas y llegaron los republicanos. Se fue Michel Camdessus y arribó Horst Köhler. Se alejaron quienes tenían un compromiso con la suerte de la Argentina porque habían convalidado lo actuado durante diez años. Ninguna de las nuevas conducciones se siente particularmente alcanzada por las críticas. Si cuando asumieron ya la Argentina era un caso delicado. Más bien las críticas les dan la razón para modificar el enfoque... Y las reglas de juego cambiaron en la transición. ¿Eso es claro o no? P.: Clarísimo. Paul O'Neill dijo con todas las letras que la solución a los problemas de excesivo endeudamiento debían resolverse a través de un procedimiento similar al de la Ley de Quiebras.

G.G.:
Todo el mundo sabe que cambiaron las reglas pero los nuevos principios no están escritos en ninguna parte. Sucede que no hay una ley de quiebras internacional. Sólo un proyecto que mostró Anne Krueger, la nueva número dos del FMI. De allí podemos colegir que el Fondo ahora aprueba la aplicación de controles de capitales (en principio algo que prohíbe su convenio constitutivo salvo ocasio nes de excepción). Es lógico: si hay controles que son efectivos, el Fondo deberá prestar menos, que parece ser el objetivo buscado. Pero, hoy por hoy, usted tiene que adivinarlo. Como le apunté, las reglas no están explicitadas. Y eso juega como una desventaja para la Argentina.

P.: Se especula con una reanudación de la ayuda para la Argentina. En concreto, ¿usted cree que eso es posible?


G.G.:
Una vez definido un poder político mínimamente estable, sí. Hace falta un inter-locutor con quien cerrar un acuerdo.

P.: Un cable que citaba una fuente oficiosa señaló, diez días atrás, que el Fondo no veía con buenos ojos que la Asamblea Legislativa eligiese como presidente a un político vinculado a Duhalde. ¿Cómo se interpreta?


G.G.:
Usted no puede negar la existencia del cable de agencia. Puede quitarle veracidad, pero si me pregunta yo le diría que lucía verosímil. En línea con otros que advertían en su momento el cortocircuito entre el Fondo y Cavallo o la sugerencia del FMI de practicar un replanteo del esquema cambiario.Y que probaron ser ciertos.

P.: El Fondo no suele manifestar sus preferencias políticas...


G.G.:
Obvio. De ahí la reserva de la fuente. Mi impresión es que alguien del Fondo -o tal vez del Tesoro de los EE.UU.- era la fuente genuina que citaba el periodista.

P.: Sugestivamente el contenido de ese cable no volvió a repetirse. A diferencia de los anteriores que usted citó que pudieron luego confirmarse por diversas fuentes...


G.G.:
No creo que haya grandes pretensiones sobre la Argentina. La velocidad de la crisis argentina es sin duda más rápida que su capacidad de digestión en el exterior. Hoy por hoy, un presidente que pacifique el país parece más que potable para el G-7. No era el caso un par de semanas atrás. Cuando se generó la noticia.

P.: ¿Qué tan afiatado es el conocimiento sobre Duhalde?


Más allá de su gestión como gobernador...

G.G.:
No se olvide que en agosto antes de girar el paquete extraordinario de ayuda, Duhalde (y un pequeño equipo) estuvo una semana en los EE.UU. Fue consultado por el Tesoro y el FMI. Duhalde estuvo de acuerdo con el déficit cero y eso facilitó los desembolsos. Fue más razonable que la imagen que se tenía de él de antemano.

P.: La Argentina ya ha recibido financiamiento del FMI más allá de los límites usuales a los que le da derecho su cuota. ¿No será ello una limitante?


G.G.:
El presidente Bush pudo repetir el apellido del presidente Saá un par de oportunidades. Y sabía que ya no estaba al mando de la situación. Todo indica, pues, que estamos ante una decisión política.

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