18 de enero 2002 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo llama Gordon Gekko en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en el film «Wall Street». El tema es la reactivación de la economía norteamericana. Los mercados ven una recuperación mucho más robusta de lo que cree Alan Greenspan. Hay temor a una recaída.)

Diálogos en Wall Street
PERIODISTA: Año nuevo en Wall Street. Pero no vida nueva. Los problemas de rentabilidad corporativa siguen en pie. Ni Intel ni JP Morgan Chase trajeron buenas noticias. Habrá que esperar antes de ver una recuperación plena....

Gordon Gekko:
Hay que recoger el barrilete de las expectativas. Flamea demasiado alto. Pero no más que eso. La economía ha remontado muy bien el valle que impusieron los hechos desgraciados del 11 de setiembre. Es un buen auspicio.

P.: Medido desde la zozobra de setiembre hasta el pico más reciente de optimismo las acciones del Dow treparon 25% ¿Allí, piensa, reside la exageración?


G.G.:
Los precios miran hacia delante. La suba del cuarto trimestre apuesta a una recuperación mucho más vigorosa que la que puede deducirse a partir de la evidencia disponible. Pero no sólo profetiza una recuperación económica sino también un regreso vibrante de las ganancias empresarias - bonanza que, a mi juicio- supone un horizonte todavía distante. Intel provee un buen ejemplo: el presupuesto de capital para este año es mucho más escueto que lo que descontaba la calle. El negocio se encarrila pero está lejos de volver a ser lo que era.

P.: Como suele suceder la Reserva Federal fue la primera en enfriar la algarabía. Alan Greenspan marcó los límites de la mejoría.Y no se olvidó de subrayar las amenazas que enfrenta la economía.


G.G.:
Las palabras de Greenspan admiten una doble lectura. Fueron recibidas como si se tratase de un balde de agua fría. Pero la lectura más directa es francamente positiva. Es la primera vez desde los atentados que Greenspan asume un rol crítico. Que emite un mensaje «agresivo» desde el punto de vista de las expectativas previas del mercado.

P.: No me imaginaba que ello fuera bueno...


G.G.:
Lo es porque confirma que hay una mejoría. Que además la Fed juzga sólida. Y que, por ende, se puede someter a tensión. Cuando campeaba la fragilidad y la incertidumbre la Fed emitía un mensaje de apoyo muy amplio, con un sentido único y sin sutilezas. La realidad no era alentadora pero la Fed no tenía ninguna intención de hacer hincapié en ello. Lo último que necesitaba era abrumar a los mercados.

P.: El Greenspan bueno es propio de los tiempos malos...


G.G.:
Si Ud. quiere ponerlo así, hágalo. Yo le diría lo mismo en otras palabras: en tiempos de zozobra, estabilizar la Bolsa es la forma más rápida y eficaz de recobrar la confianza en el futuro. Y Greenspan siempre ha tomado este atajo.

P.: ¿Cuál es la segunda lectura posible?


G.G.:
Los mercados apuestan a una recuperación robusta. Más vibrante que la que está viendo la propia Fed ¿Cuánto hay de clarividencia? ¿Cuánto tiene más bien que ver con el bajo costo de oportunidad de formular las apuestas?

P.: Quiere decir: ¿Cuánto tiene que ver con un exceso de liquidez?


G.G.:
Correcto. Con tasas de corto plazo en 1,50% y una situación corriente despejada, sin problemas en los mercados de crédito, es un interrogante más que válido. Creo que Greenspan busca atacar ese frente incitando a revisar de nuevo las proyecciones...

P.: Ladra pero no muerde.

G.G.: No va a afectar las condiciones de liquidez. No va a subir las tasas de interés. No por ahora. Tiene Ud. plena razón.

P.: ¿Piensa que la economía ya ha dejado atrás lo peor?


G.G.:
La economía norteamericana está hoy mucho mejor que en octubre. Y las expectativas de inversores, consumidores y empresarios son también incomparablemente superiores. Ha digerido un proceso de deterioro en la demanda que era previsible pero también los efectos de un shock totalmente inesperado, que cayó del cielo, como el 11 de setiembre y la guerra en Afganistán. Es admirable. Si uno mira el resto del mundo encuentra una evolución similar salvo bolsones como la Argentina y Japón.

P.: ¿La recesión en los Estados Unidos ya es historia?


G.G.:
Todavía la economía destruye empleo. En forma neta. Será historia cuando ello no suceda...

P.: ¿Y cuán cerca estamos?

G.G.: Sé que vamos en la dirección correcta. Los pedidos iniciales de subsidios por desempleo han sido en el pasado un predictor eficaz de la creación de empleo. Y uno observa una declinación continua en las solicitudes de subsidios - semana tras semana- lo que constituye una señal muy propicia.

P.: En paralelo le digo que la tasa de desempleo no deja de aumentar...


G.G.:
La recesión habrá quedado superada y la tasa de desempleo seguirá en ascenso. Un tiempo más. Es lo usual. No se confunda.

P.: ¿Qué riesgos percibe de una recaída?


G.G.:
Me parece altamente probable un escenario en el que la economía se aleja del pozo de la recesión pero no alcanza un crecimiento tan vigoroso como el que vaticinan los precios de las acciones. Un crecimiento entre 1% y 2%. Desde ya nada que ver con el ritmo de 4% plus que registró la economía en los últimos años y al que mucha gente se acostumbró y que hoy parece alimentar los precios de la Bolsa.

P.: Más que una recaída, ve un estancamiento.


G.G.:
Tal vez una situación mejor que un estancamiento estricto. Pero que puede resultar penosa. Ud. no podrá sostener un avance de las ganancias empresarias de dos dígitos (más allá del rebote inicial que pueda generarse) como se vaticina. Si la productividad crece a ese ritmo o a uno superior es factible inclusive que el empleo se estanque o decline. Y no será fácil salir de esa encrucijada. Los demócratas han frenado el paquete de estímulo fiscal del presidente Bush y la Reserva Federal, a esa altura, se habrá quedado ya sin munición. Con tasas cercanas a cero.

P.: ¿Cuán realista es esa predicción?


G.G.:
El antecedente más fresco lo provee la salida de la última recesión. Si bien la contracción finalizó en marzo de 1991, la recuperación fue tan lenta que no se percibió hasta 1993. El padre del presidente Bush conoce bien esa circunstancia. El perdió la reelección a fines de 1992 -a manos de Bill Clinton- porque la gente se quejaba de una recesión que ya había terminado un año y medio antes...

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