5 de junio 2002 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo denomina Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretara Michael Douglas en el film «Wall Street». El tema es la susceptibilidad de los inversores norteamericanos ante la posibilidad de un nuevo atentado. Por otra parte, se aproximan las elecciones legislativas de mitad de período y esto está influyendo en los mercados.)

PERIODISTA: No se supone que el vicepresidente norteamericano Dick Cheney deba ocuparse personalmente de asustar a los inversores.

Gordon Gekko:
Ese papel lo cubría Bin Laden hasta hace muy poco. Pero usted sabrá, su aparato de comunicación ha quedado muy dañado luego de la incursión de las tropas norteamericanas en Afganistán. Ya casi no nos llegan sus videos...

P.: Cheney señala que un próximo atentado no sólo es probable, sino más bien una certeza. No es el tipo de contribución que Wall Street esperaría de la Casa Blanca...


G.G.:
Ni el mejor momento.

P.: El mensaje no es muy específico ¿O me equivoco? No arroja precisiones. Más allá de vaticinar un atentado.

G.G.: No señala ni cuándo, ni cómo, ni dónde. Cheney dice ¡Cuidado! pero no nos aclara de qué cuidarnos.

P.: ¿Cree que es una advertencia útil?


G.G.:
Sobre todo para el gobierno.

P.: La primera impresión es que no desea repetir la situación del 11 de setiembre, donde pareció desayunarse con la población en el mismo momento en que se desarrollaba la tragedia...


G.G.:
Desde ya. De hecho, no es la primera vez que ocurre un alerta. Es un tema de incentivos. No hay penalidad por predecir atentados que no se producen. Y sería terrible que se repita la situación opuesta. Pero más allá de ese ingrediente, es la primera vez que se sostiene desde el nivel más alto del gobierno que se cuenta con la certeza de que habrá un nuevo atentado.

P.: ¿Cómo se entiende?

G.G.: Hay un llamativo consenso aquí: todos piensan que el gobierno quiere desviar la atención que concita la manera en que manejó la información de inteligencia y los indicios previos al 11 de setiembre. Hay una percepción de responsabilidad del gobierno en el fracaso de la prevención de los atentados del año pasado. Esa percepción, ciertamente, iba en ascenso hasta que Cheney tomó intervención...

P.: Se podría decir que no hay mejor defensa que un buen ataque...


G.G.:
Se puede decir. Mientras la amenaza siga viva, no habrá cuestionamientos serios al gobierno. La investigación puede esperar, la prioridad pasa por extremar las medidas de seguridad. Y en ese territorio el presidente es quien lleva la voz cantante.

P.: Hay elecciones en noviembre.


G.G.:
Por supuesto. Las elecciones de mitad de período.

P.: ¿Las mismas que perdió Clinton en 1994?


G.G.:
Correcto.

P.: ¿Cuánto influye la proximidad de las elecciones en este marco?


G.G.:
Mucho. Muchísimo. Ya usted habrá tomado nota de ciertas decisiones del presidente Bush en temas de comercio exterior que le granjearon apoyos locales a costa de una tremenda erosión en el campo internacional.

P.: ¿Se refiere al incremento en los subsidios agrícolas?


G.G.:
Lo mismo puede decirse de la protección concedida a la industria del acero. No hay dudas de que las elecciones ya entraron en la zona crítica del radar de Bush. Que se señale que el presidente no supo manejar los elementos de juicio que podrían haber evitado los atentados de setiembre no es una buena publicidad. Es mejor que la población se encolumne detrás del presidente -cohesión que suele provocar cualquier amenaza seria sobre la seguridad nacional-.

P.: Quizá sea lo más sensato desde un punto de vista político. Pero no son buenas noticias para Wall Street ¿Hasta dónde el temor a un atentado no está afectando a la Bolsa?


G.G.:
La seguridad es un «issue», un tema importante. Seguridad en un sentido amplio. O sea, incluyendo Medio Oriente, un potencial conflicto con Irak y también un estallido en la frontera entre India y Pakistán. Cuando se resolvió la guerra contra los talibanes en Afganistán, de manera impecable, rápida y prolija, el tema se descomprimió y los mercados sacaron provecho de ello...

P.: A comienzos de año...

G.G.: En la primera parte del año. Sí. Pero el tema se volvió a instalar. La escalada de Ariel Sharon en Medio Oriente fue el detonante de una nueva oleada de temores. Es obvio que Sharon no se cortó solo, que contó con la anuencia de los Estados Unidos. Es menos obvio que la estrategia arroje los resultados esperados. Fíjese que la operación Afganistán fue conducida con extremo cuidado para no irritar al mundo árabe. Y fue tan prolija que el precio del petróleo no se alteró (más bien retrocedió).

P.: No puede decirse lo mismo ahora...


G.G.:
No. La suba del petróleo ya es un efecto pernicioso de por sí. Pero es sólo el emergente de una situación que se percibe como mucho más delicada. Escarbe un poco entre los jugadores y verá que todos temen que alguien dé un paso en falso. Y que todo salte como en un polvorín.

P.: Nada tranquilizador para quien mantiene inversiones de riesgo...


G.G.:
Me parece que hay un interrogante tácito. ¿Estará el presidente Bush a la altura de las circunstancias? ¿Será capaz de conducirse sin que se produzca un estallido? Observe que no todos los elementos del tablero están bajo el pleno control de los Estados Unidos; habrá que ejercer el poder de disuasión, por ejemplo, en el conflicto entre India y Pakistán.

P.: Nada mejor para explicar la resurrección del oro.


G.G.:
Hay un conjunto de decisiones defensivas que se detectan en los mercados internacionales y que guardan relación con la inquietud geopolítica. No es sólo el oro, sino también el franco suizo o la reticencia por tomar posiciones de mayor riesgo en acciones. En el caso concreto del oro, pienso que la resurrección pasó primero por el temor a una recaída en Japón. Sobre todo a una reedición de la crisis bancaria. La demanda minorista se multiplicó por cuatro en el primer trimestre en Japón.

P.: Esos temores ya se han aventado, pero el interés por el oro persiste.


G.G.:
Usted lo ha dicho. La fascinación por el oro como vehículo de ahorro nunca se extinguió en Asia. India y Pakistán son países donde coincide una coyuntura crítica con dicha tradición. Pero la comunidad financiera más sofisticada también se subió al tren. Ya desde la segunda semana de enero, el mercado negocia los (contratos de) futuros del Comex desde una posición mayoritariamente comprada.

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