30 de octubre 2002 - 00:00

Diálogos de Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo identifica como Gordon Gekko, por el personaje que interpretara Michael Douglas en la película "Wall Street". El tema de la conversación es la caída de la confianza de los consumidores y la reactivación de Estados Unidos.)

PERIODISTA: La recuperación de la economía norteamericana descansa, en su totalidad, sobre las anchas espaldas del consumidor. Y ahora nos venimos a enterar de que el consumidor atraviesa por una súbita crisis de confianza. ¿Qué tan grave es que hace que el sentimiento se deteriore a un mínimo de nueve años? ¿Qué destino nos espera?

Gordon Gekko:
La economía se las puede arreglar con un consumidor atribulado siempre y cuando no deje de gastar. Que se aflija -si no hay más remedio-pero que gaste.

P.: ¿Es esa dicotomía posible?

G.G.:
Cuando sucedieron los atentados del 11 de setiembre, también se verificó un shock adverso sobre la confianza -que los indicadores de sentimiento registraron con prolijidad-pero el consumidor no dejó por ello de disponer con generosidad de su billetera. Las ventas de autos en octubre, un mes después de la tragedia, fueron simplemente espectaculares. Le recuerdo que el gasto en bienes durables trepó 33,6% entre octubre y diciembre de 2001...

P.: No tengo dudas sobre el papel que jugó el consumo...


G.G.:
Es, después de todo, la única recesión que se registra en los Estados Unidos en la que el consumo no declinó en ningún trimestre. Pero el consumidor importa porque no sólo mueve el consumo.

P.: También tiene la llave de la inversión residencial...


G.G.:
Dicta el pulso de la compra de viviendas nuevas (y usadas). No es casualidad entonces que el mercado inmobiliario haya navegado sin un rasguño las aguas de la recesión. Toda la inversión está cayendo -trimestre tras trimestrecon la única excepción de la inversión en vivienda.

P.: Sin embargo, lo que no pudo un shock imprevisto como la caída de las Torres Gemelas tal vez lo pueda conseguir esta erosión constante -menos espectacular pero continua-que sufre el ciudadano norteamericano desde 2000. Es la Bolsa, son los problemas de seguridad, el deterioro del mercado laboral.


G.G.:
No hay dudas de que hay una acumulación de efectos en juego. Y en esa dinámica una gota puede bastar para que la copa rebalse. Esa es la idea que despierta el informe del Conference Board. Se esperaba un retroceso de la confianza, la cuarta consecutiva.

P.: O sea, no se trata de una novedad.


G.G.:
No. Pero se pensaba en un declive desde un nivel de 93 y fracción a poco más de 90.

P.: Y se derrumbó. Cayó a 79,4. Suena terrible.

G.G.:
Suena mal. Sí. Pero no busque precisión donde no la hay. Esta es una encuesta cualitativa después de todo. Los números aparecen cuando se suman las respuestas.

P.: Pero es un llamado de atención.


G.G.:
No tengo dudas. Y apunta precisamente al talón de Aquiles de toda la recuperación. Si se quiere abortar la reactivación, la línea de flotación pasa por el consumidor. La semana pasada hablábamos, por ejemplo, de las diferencias entre Europa y Estados Unidos -el porqué de un comportamiento tan disímil este año-y la respuesta también provenía de las actitudes diferentes que se observaban en el consumo.

P.: ¿Qué es lo que afectó tanto a la confianza del consumidor en octubre?


G.G.:
Estuve leyendo el informe y se advierten tres elementos nocivos, que perjudican tanto la percepción de la situación presente como las expectativas. La caída de los mercados financieros, la debilidad del mercado de trabajo y la amenaza de una intervención militar en Irak.

P.: Ninguno de ellos puede decirse que se haya gestado este mes ni que haya surgido de repente.


G.G.:
Desde ya. Es un proceso, más bien, de progresiva saturación.

P.: Tampoco ninguno de ellos tendrá remedio pronto.


G.G.:
Estoy de acuerdo. Más allá de los vaivenes de la Bolsa que hizo mínimos el 10 de octubre -en un ambiente de plena zozobra-y luego repuntó con igual dosis de efervescencia. En un mes tan volátil, imagino, dependiendo de cuando usted circule la encuesta podrá toparse con muy distintas respuestas. Pero la cuestión de fondo no cambia.

P.: La Bolsa sintió el impacto del informe. Y otro tanto hicieron los bonos. Y, como es costumbre en estos casos, todo el mundo mira de nuevo hacia la Reserva Federal. La reunión es el próximo día 6. ¿Tenemos ya la excusa para retomar la baja de tasas de interés?


G.G.:
Es probable. Me gustaría ver el informe de empleo que se difundirá este viernes pero igual creo que es muy probable. No se olvide de que en el último cónclave las opiniones habían quedado divididas.

P.: Greenspan impuso su criterio pero no pudo mantener la unanimidad...


G.G.:
Hubo dos opiniones a favor de recortar las tasas. La de Bob Mc Teer -el presidente de la Reserva Federal de Dallas-cuya predilección por tasas más modestas es casi una constante, bajo los más diversos escenarios, y que, por lo tanto, agrega poco. Pero la disidencia de Ed Gramlich tiene otro peso. Por empezar es un gobernador de la Fed -no un presidente de una reserva distrital. Las discrepancias con Greenspan son, en este caso, harto inusuales. Uno piensa que las diferencias de matices existen pero se zanjan sin necesidad de asentarlas por escrito.

P.: Un día antes de que se reúna la Fed, los norteamericanos concurrirán a las urnas. ¿Cree que el presidente Bush podrá retomar el control de ambas cámaras del Congreso?


G.G.:
Aparece como posible. Pero será una elección muy reñida.

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